Las multas asfixian a un ganadero, al que limitan los días de pasto en su finca

Se ha gastado más de 10.000 euros en su defensa legal y Raxoi explica que actuó por denuncias vecinales


Santiago / la voz

Cuando recibió la primera multa por los excrementos de sus vacas en una pista, hace cuatro años, pensó que se trataba de «unha broma». Desde entonces, a Jorge Piñeiro le han llegado unas cuantas más. Las tres últimas, de 1.000 euros cada una de ellas, sancionan al ganadero de A Sionlla por el supuesto uso inadecuado de una finca. Propiedad, para más inri, que puede utilizar para el pasto únicamente durante un determinado número de días tras las últimas resoluciones notificadas por el Concello de Santiago.

El vecino del lugar de Reboredo, asfixiado por tanta multa, se siente perseguido. Camino de abrir el tercer contencioso-administrativo para recurrir los expedientes sancionadores asegura que se ha gastado ya más de 10.000 euros en su defensa, entre procuradores, abogados y otros trámites que sobrevenidos del proceso. Desde el despacho de abogados que llevan su caso, el de Concepción Rúa, afirman que «no hay base normativa aplicable a nivel municipal que le pueda impedir a un ganadero que lleve sus vacas a una finca de su propiedad, un terreno rural que además forma parte de la base territorial de la explotación». Consideran que Raxoi se está extralimitando «al imponer a Piñeiro que use el prado uno, dos o cuatro días alegando estabulación (es decir, la cría del ganado en ese espacio); siendo que eso, además, no es cierto».

De las dos sanciones (de 750 euros, con rebaja cerca de 500) recibidas por el rastro que dejaron sus vacas de camino al prado en el 2014, una fue anulada por un error formal. «Deberían haberse sido las dos, porque ambas venían a nombre de su padre, pero una se ejecutó; la única hasta ahora», subraya su abogada. El caso llegó hasta el Parlamento. PSdeG, AGE y grupo Mixto respaldaron sin éxito una petición del BNG para retirarle a Piñeiro las multas, que ahora le llegan por una cuestión diferente pero impulsadas por los mismos que entonces lo denunciaron ante el Concello.

«Se trata de un conflicto vecinal. El propio Ayuntamiento así lo reconoce en los decretos que dicta», indica la letrada. Compostela Aberta, por su parte, alega que si intervino en este caso y no en otros es «porque hai denuncias veciñais e, evidentemente, non se pode facer caso omiso»; al tiempo que recuerda que los usos del suelo en liza permiten el pastoreo pero no la estabulación.

El despacho de Concepción Rúa reprueba al Ayuntamiento por actuar en base a «una hipótesis de un informe, en el que se decía que podría tener un impacto medioambiental, sin haberse hecho una prueba del suelo». Por otra parte, recuerda que los informes de la Xunta y Seprona certifican «que la ganadería cumple con los requisitos de la normativa y que no se ha comprobado la estabulación ni el daño medioambiental».

«Esperaba outra cousa do goberno de Martiño Noriega»

Jorge Piñeiro Mujico, de 49 años, se considera algo así como un vecino de segunda ante el Ayuntamiento y se siente en desventaja frente a las personas que continuamente lo están denunciando. «Parece que só lles fan caso a eles, teñan a razón ou non», indica. Reconoce que tenía ciertas esperanzas depositadas tras las últimas elecciones y que la marea compostelana (con raíces en AGE, que en su día apoyó su causa en el Parlamento) actuase de forma distinta a los anteriores: «Esperaba outra cousa do goberno de Martiño Noriega, pola implicación co rural que sempre defenden».

Explica Piñeiro, con cerca de medio centenar de cabezas de ganado, que «antes tiña unha explotación convencional e pasei a ecolóxico, porque hay xente que non quere que anden as vacas polas pistas. O noso sistema é o de botalas fóra a pacer e parece que tampouco vale».

«Non poden pasar catro días seguidos na finca e fixan un máximo de seis ou sete ao mes, creo recordar. Isto non ten ningunha lóxica. Nesta época do ano non inflúe pero en primavera, cando hai moito pasto, lévalles pacer a finca seis ou oito días. ¿Que fago? Deixo un anaco que creza ou teño eu que ir a cortar o que non lles da tempo a pacer. Veñen a aplicar as matemáticas nunha explotación, e isto non responde a regras aritméticas, dependemos moito do clima», continúa el ganadero de A Sionlla, quien ve injusto que a otros grandes productores que sí incumplen flagrantemente no se les aplique la misma vara de medir que a él.

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