«Con la gripe de 1918 las campanas ya no tocaban a muerto para no asustar»

El Parlamento, cuya sede albergó a la tropa contagiada, celebró una sesión al cumplirse 100 años de la pandemia


Santiago / La Voz

La gripe de 1918, erróneamente conocida como española, se llevó por delante la vida de más de 50 millones de personas y contagió a la tercera parte de la población mundial de hace un siglo. Cien años después, la Real Academia de Medicina de Galicia celebró en el Parlamento gallego una sesión extraordinaria sobre esta triste efeméride. El lugar elegido tampoco fue al azar. El pazo do Hórreo se cedió parcialmente al Ejército en 1918 -en 1925 se formalizó la cesión de todo el edificio- por culpa de esta pandemia que atacó duramente a la tropa acuartelada en la ciudad de Santiago.

Los médicos Benito Regueiro, Juan Jesús Gestal y José Carro desgranaron las características, singularidades y aspectos clínicos y sociológicos de una epidemia que apareció cuando ni se sabía que existían los virus. Gestal, profesor emérito de preventiva y salud pública, asegura que la primera curiosidad de la gripe del 18 es que el calificativo española es totalmente falso. Sí fueron los españoles los primeros en hablar de ella, porque inmersos en la Primera Guerra Mundial, los estados afectados censuraron las noticias de esta pandemia para no minar la moral de su población. «Se usó como arma de propaganda para desmoralizar al enemigo, y como España no participaba, aquí sí se declararon y publicaron los casos». Pero la gripe del 18 llegó de Francia, en tren, y se hizo notar por primera vez en las fiestas de San Isidro de Madrid. Se barajaron varios posibles orígenes, aunque la teoría más plausible es que apareció en Kansas.

Y Santiago no escapó a esta pandemia letal. Dice el exdecano de la Facultad de Medicina que en Galicia se cebó especialmente en las provincias de A Coruña y Ourense, a las que llegó en su segunda oleada, la de otoño del 18, que fue la más mortal. «Aquí murieron tres catedráticos de la facultad», recuerda este experto, quien bromea asegurando que esta gripe «no respetó ni a los médicos». Narciso Carrero Goyanes, de medicina legal; Eduardo del Río Lara, de histología; y Matías Fernández Íñiguez, de higiene, fueron los catedráticos a los que el virus no perdonó. De hecho, en el claustro bajo de la facultad hay una placa realizada por el escultor Asorey que reza: «Homenaje de gratitud y admiración a los médicos que durante la epidemia gripal de 1918 prestaron abnegado servicio en la ciudad compostelana. Al doctor Narciso Carrero, fallecido en el cumplimiento del humanitario deber. El Ayuntamiento de Santiago, 11 de diciembre de 1918».

Hubo días, dice Gestal Otero, en los que atravesaron la ciudad «entre veinte y treinta cortejos fúnebres». De hecho, el estado moral de los ciudadanos era tal, «que ya no tocaban las campanas para no asustar a los enfermos, ya no tocaban a muerto».

Tres catedráticos de la Facultad de Medicina fallecieron durante la epidemia

Octubre y noviembre fueron los peores meses y se cerró la universidad

Una de las características de la gripe del 18, y que no volvió a ocurrir, es que tuvo tres oleadas muy consecutivas. Pero una fue la causante del mayor número de muertes, la segunda, que trajo el virus a Galicia. Octubre y noviembre, es decir, exactamente hace un siglo, fueron meses fatídicos en los que la ciudad prácticamente se paralizó y se cerró la universidad hasta pasada la festividad de Reyes. Hubo más singularidades. Como las neumonías bacterianas que provocaba la pandemia. Aunque se trata de un virus, muchas de las víctimas fallecieron por neumonías causadas por bacterias a los siete u ocho días de contagiarse. Además, mientras que las gripes tradicionales tienen una forma de u en cuanto a los tramos de edad más afectados -es decir, niños y mayores son los más susceptibles-, en este caso se dio un fenómeno en forma de w, porque entre las personas de entre 18 y 43 años también se registró un importante pico. El origen hay que buscarlo en la gripe rusa de 1890. Aquellos cuyo primer contacto con el virus fue en esa gripe se vieron muy afectados por la de 1918, que resultó ser un A(H1N1).

Una joven de Alaska

Todo el genoma del virus de 1918 pudo secuenciarse debido a que el cadáver de una joven que murió en Alaska permaneció en estado de congelación, por lo que pudieron tomarse muestras de sus tejidos y analizarse.

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