Mariví García: «Mi hija estudia en la UNED y la conexión a la Red aquí se cuelga continuamente»

Lamenta que en 23 años nada cambiase: «Seguimos sin fibra óptica, sin gas y con la bombona de butano a vueltas en casa»


Santiago / La Voz

Disponer de una conexión a Internet de alta velocidad es, hoy en día, imprescindible para muchos, tanto en el ámbito formativo y empresarial como en el doméstico y personal. María Visitación García Montero, más conocida como Mariví, es una de los miles de vecinos de Compostela que están condenados a carecer de la fibra óptica por vivir en el casco histórico. Explica que, más allá de suponer un incordio, está complicando el desarrollo académico de su hija, Nadia.

Nunca olvidará la angustia que vivió cuando todavía estaba en el instituto: «Tenía que presentar un trabajo obligatorio, un vídeo, y tenía un plazo para hacerlo, las once de la noche. Estuvo desde las siete de la tarde, cuatro horas para subir a una página con la que trabajan en clase el vídeo escolar, de unos dos o tres minutos, y no fue capaz. Estaba desesperada. Me decía que iba a suspender y tuvimos que contactar con su profesora para explicarle la situación». Esta es, en el mejor de los casos, disponer de 8 megas, aunque lo habitual es 5 y los cortes son el pan de cada día, cuenta.

Ahora que Nadia tiene 18 años y ha empezado en la universidad necesita más que nunca la fibra óptica. «Mi hija estudia en la UNED, lo hace todo con el ordenador por Internet, y la conexión de la Red aquí se cuelga continuamente. Pagas por un ADSL que sale mucho más caro y no sirve de nada», añade.

Otros contratiempos

Mariví lamenta que nada haya cambiado en los últimos años: «Está todo igual que estaba hace 23 años, cuando nos instalamos en el casco histórico. Seguimos sin fibra óptica, sin gas y con la bombona de butano a vueltas en casa. Lo único que bajó un poco fue el ruido nocturno, aunque parece que últimamente vuelve a empezar».

Explica que, cada vez que hay una avería, «que son demasiadas», hay cortes en el suministro del agua y «el fin de semana baja la presión», que no puede ser mayor porque la instalación de los años 70 que hay en la zona no lo resistiría, afirma. «La directiva europea manda limpiar la instalación cada cierto tiempo y hace dos meses tuve una avería en la lavadora. El filtro estaba tupido de arena. «Cada vez que hay un corte, tienes que vaciar las cisternas para que el agua salga limpia, con el gasto que conlleva», añade.

Por otra parte, su vivienda da una de las plazas más concurridas de la zona ORA, ahora de rotación forzosa. «Por la noche aquí aparca todo el mundo y hay gente que se pasa todo el día, sobre todo los turistas extranjeros. Tuvimos que alquilar una plaza en el párking de La Salle, porque sino no hay manera de encontrar un sitio libre».

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