Jesús Gamallo: «Las ciudades no se gobiernan con ideología, hace falta empatía»

Santiago es la carta de identificación infalible del representante autonómico en la UE


santiago / la voz

Nombre. Jesús María Gamallo Aller (Santiago, 1961).

Profesión. Funcionario y político.

Rincón elegido. La biblioteca de la Facultad de Historia, donde estudiaba mientras cursaba Derecho.

El 5, 15, 22, 23 y 31. No es la combinación ganadora del sorteo de Euromillones. Son los días que tiene disponibles Jesús Gamallo en el mes de octubre para prestarse a este rincón y reivindicar su compostelanismo. Bruselas hasta en tres ocasiones, Bolonia, Barcelona, Madrid... son algunas de las paradas de este alto funcionario de la Xunta que habla seis idiomas, que se licenció en Derecho estudiando en la Facultad de Historia y que ha sido director xeral de Relacións Exteriores e coa Unión Europea en dos etapas, primero con Fraga y desde el 2009 con Feijoo.

Se toma un descafeinado con leche en lo que un día fue el negocio de telas Ceinos. «Al otro lado estaba Tobaris, y enfrente la óptica Gamallo», que era de su familia. Él vivió varios años encima, en la esquina de Cardeal Payá con Orfas, y estudió en La Salle, así que hacía el recorrido por las algalias varias veces al día. Cada mañana se paraba en el Preguntoiro a leer las noticias del periódico local, y esa sigue siendo una de sus costumbres cuando llega a una ciudad extranjera: «Siempre que tengo una reunión política, me leo la prensa de la ciudad antes de ponerme con la agenda del día. Te sientas, por ejemplo, a hablar con el presidente del Senado en Argentina y le preguntas por algún problema cercano y la actitud ya cambia, es una buena forma de romper el hielo», explica.

Gamallo reconoce que está «muy mal» que él lo diga, pero invita al periodista y a los lectores a comprobar el peso de Galicia en las instituciones europeas. «Tenemos prestigio fuera, porque entre otras cosas, siempre intervenimos en los foros de debate. Galicia siempre tiene una opinión formada, y eso implica que otras regiones europeas nos busquen para determinados asuntos». Con todo, es habitual que le pregunten de dónde viene exactamente. «Hay gente en Europa que todavía no sabe localizar bien Galicia, pero cuando le hablas de Santiago de Compostela y del Camino ya se centran».

Una intensa experiencia local

Gamallo confiesa una leve traición a su ciudad. Reconoce que en los últimos años le ha perdido el pulso al ocio de Compostela y que le gusta irse los fines de semana a A Coruña, donde conserva una amplia pandilla. Una decisión impensable entre los años 2007 y 2009, cuando se metió de lleno en la política local. Se incorporó a la lista del PP que encabezaba Conde Roa y le tocó hacer oposición al último gobierno de Bugallo. Llevaba los temas turísticos y reconoce que le faltaba «buena información» para hacer oposición al entonces edil del BNG, Xosé Manuel Iglesias, «una persona encantadora».

Aprendió mucho en aquellos dos años. «Me di cuenta de que conocía un Santiago limitado al casco histórico y al Ensanche, pero esta ciudad es un microcosmos y cada lugar tiene sus cosas. Cuando llegas a un barrio o a una parroquia del rural te das cuenta de que la gente no quiere escucharte contar la misma milonga del día anterior, quieren soluciones a sus problemas concretos. Por eso creo que las ciudades no se gobiernan con ideología, lo que hace falta es empatía con los vecinos».

Jesús Gamallo sostiene que la experiencia local es indispensable para un político por muy altas que sean sus aspiraciones, «porque te obliga a estar con la gente», un requisito que él no puede cumplir ahora con sus actuales obligaciones en la Xunta: «Me paso la vida en aviones y en Bruselas». ¿Cansado? «No. Me ha dado mucho más la Administración de lo que yo le ofrezco. Permitirme conocer el mundo que conozco, las personas, representar a Galicia... Si mañana me ponen a pegar sellos hasta la jubilación no pagaré lo que me ha dado este trabajo».

«Mi casero de Bruselas dejó la City de Londres para desayunar y hablar con gente»

Gamallo tiene un discurso «mitinero» inequívocamente europeísta. «Hace unos años daba igual en qué bloque estuvieras, con los populares, los socialdemócratas o los liberales, el europeísmo era la norma». Sospecha, y por eso habla con cierta «tristeza y melancolía», que todo ese ambiente va a desaparecer a partir de las próximas elecciones en mayo. Antes o después, los nacionalismos y los extremismos llegarán también al comité de regiones, que es el ámbito natural en el que se mueve Galicia. «No estoy de acuerdo con el polaco Viktor Orbán y me dan pena algunas políticas de fronteras e inmigración», advierte el compostelano, que señala que esos desacuerdos no se trasladan a las relaciones personales.

Su vida en Bruselas es algo más que reuniones y sesiones plenarias. «Aquí hay gente de todo el mundo, y normalmente está sola, así que la tendencia es salir y llenar los restaurantes, incluso los domingos o los lunes. Tiene su punto». Como también lo tiene el lugar en el que vive en la capital belga. «Es un bed & breakfast que montó un flamenco que trabajó durante años en la City de Londres. Tiene un precio contenido para Bruselas, me hace tarifa plana y es interesante porque decidió recuperar el tiempo que había perdido entre financieros acogiendo a huéspedes en su casa. Él pone el desayuno y se sienta a hablar con la gente. Ahora hasta compartimos algún vino por la tarde, y ya le llevé alguna botella de albariño».

Entre viaje y viaje de trabajo, Gamallo también ficha lugares para sus vacaciones. Una de sus últimas reuniones le llevó hasta la península del Peloponeso, en Grecia: «Pilos, un puerto marinero rodeado de un paisaje de viñedos, cipreses, calas... volveré».

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