La USC custodia el libro más antiguo de Santiago en una cámara acorazada

El «Libro de Horas de Fernando I», de 1055, es un manuscrito anterior al «Códice»

La USC custodia el libro más antiguo de Santiago en una cámara acorazada El «Libro de Horas de Fernando I», de 1055, es un manuscrito anterior al «Códice».

santiago / la voz

Con guantes y con mucho mimo, el responsable de mantenimiento de fondos de la USC, el profesor Javier Villar, pasa las hojas del principal tesoro bibliográfico de la Universidade de Santiago, el Libro de Horas de Fernando I, el manuscrito más antiguo que se conserva en la ciudad de Santiago y que data de 1055, por lo que es anterior, incluso, al Códice Calixtino, posterior a 1160. «Por supuesto que no es el original -aclara el filólogo Villar Teijeiro- se trata de un facsímil, el original está custodiado en una cámara acorazada».

Lógico, se trata de un ejemplar único iluminado que la reina Sancha de León encargó a monjes, amanuenses y decoradores para regalárselo a su marido, el rey Fernando I de León, de ahí el nombre del manuscrito. No es solo el libro más antiguo que hay en Compostela, sino que es también uno de los libros de horas que mejor se conservan. Los libros de horas eran comunes en la época, y reflejaban los salmos y rezos que los monjes realizaban a lo largo del día. «El rey Fernando era muy devoto», indica Javier Villar. De ahí que la reina acertase con el presente.

Varias son las curiosidades del libro que repasa y admira el profesor en la Biblioteca América de la USC. Este impresionante templo del saber, que nació de la colección donada por un emigrante compostelano, Gumersindo Busco, y que se decoró con estanterías procedentes de San Martiño Pinario, no custodia el libro, pero sí es donde se exhibe porque tanto el lugar como el manuscrito forman parte de los atractivos de las visitas guiadas que se hacen al patrimonio de la USC. «Lo curioso es que la gente no sabe de su existencia, cuando llegan y se lo enseñamos, les llama la atención porque no saben que hay este tesoro en la Universidade», dice Villar. Y Rosi Maxi, guía del templo de los libros, le da la razón. «Y la gente tampoco sabe que puede consultar el facsímil, hoja por hoja, en Minerva», el repositorio on line de la USC donde se pueden visualizar, digitalizados, todos los documentos históricos que conserva la institución universitaria, entre ellos, 141 incunables.

El valor de algunos de ellos podría acercarse al del Libro de las Horas, pero este manuscrito tiene algunas características que lo hacen único y especial. «Lo primero, por su conservación, porque está en muy buen estado». Y lo segundo, por su calidad. «Los expertos que lo consultan quedan admirados».

Está hecho de vitela, con piel de animal recién nacido, y lo adornan 280 capitales y unas 3.500 iniciales en rojo y en oro. Formado por 226 folios antiguos, está lleno de curiosidades, como el hecho de que se presente en primera persona: «Sancha, la reina, como era su voluntad me hizo lo que soy», reza en sus primera páginas, en las que también da a conocer el nombre del copista, Pedro, y el de quien lo decoró, Fructuoso. «Eso era raro en aquella época», subraya el responsable de los fondos.

Reproduce, con dibujo realmente hermoso, una escena en la que se hace entrega del volumen al rey, bajo la atenta mirada de la reina, que se presume que supervisó el minucioso trabajo artesano. Luego, además de los salmos, oraciones y un calendario propio de los llamados libros de horas, reproduce un poema de Floro de Lyon, un prefacio de Alcuino de York y hasta una recomendación de San Xerome sobre el cuidado que se debe guardar a la hora de copiar los libros, ya que al ser manuscritos, a veces incluían errores que demuestran que, ya entonces, lo de reproducir textos de otros autores no iba exento de polémica. «Lo habitual era que un monje dictase y cuatro o cinco copiasen, y se podían equivocar, se pueden encontrar errores incluso en copias de la Biblia». Javier Villar aprovecha la ocasión para poner en valor el trabajo de aquellos monjes «sin los que la mayor parte de estos tesoros no llegarían a nosotros».

Rastreo de la obra

No se sabe exactamente cómo la obra llegó a la USC, pero se cree que lo hizo procedente de San Martiño Pinario tras la Desamortización. Al menos es lo que se deduce de un artículo publicado por Antonio López Ferreiro en 1868 en El eco de la verdad, donde lo describe como «un libro litúrgico» que contiene «el psalterio, cánticos, oraciones y antífonas».

En su buen estado de conservación tiene mucho que ver que, en 1973, fuese nuevamente encuadernado por el Servicio Nacional de Restauración de Libros y Documentos. Coincidiendo con la celebración del quinto centenario de la USC, se hizo una tirada de 420 facsímiles, y el que Javier Villar muestra en la Biblioteca América lleva la numeración 233.

El responsable de fondos bibliográficos de la USC lo guarda con tal orgullo que, en una visita que realizó hace dos años a la Universidad de Salamanca, pudo disfrutar de un recorrido por la Biblioteca Histórica, que tiene otro libro de horas. «Presumían de lo antiguo que era, del año 1059, y yo dije en alto: ‘El nuestro es de 1055’». Pues en alto habrá que seguir pregonándolo.

La biblioteca guarda 862 manuscritos, 141 incunables y miles de ejemplares únicos e históricos

 

El Libro de las Horas de Fernando I es una de las muchas joyas que conserva la Biblioteca Universitaria de Santiago, en la que se custodian 862 manuscritos, 141 incunables, 27.725 impresos de los siglos XVI al XVIII y 29.727 impresos publicados entre 1801 y 1900. Entre ellos figuran incunables raros como el Fasciculus temporum de Werner Rolewinc; ejemplares cuidados como una edición de la Divina Comedia de Dante, o el curioso Materies Gramaticae de Fernando Nepos, encuadernado con la Gramatica latina de Juan de Pastrana.

La buena conservación del original del Libro de Horas tiene mucho que ver con su custodia en la cámara acorazada, de la que no sale desde el 2001, «aunque ese año salió dos veces, para una exposición en Nueva York de libros de horas y para otra muestra sobre el patrimonio bibliográfico español que se hizo aquí, en Fonseca, con unas medidas de seguridad importantes».

Medidas de seguridad

El tristemente célebre robo del Códice Calixtino dejó, a cambio, una lección aprendida, y es que desde entonces, tal y como reconoce el profesor Villar Teijeiro, las medidas de seguridad en torno al patrimonio se extremaron. «Lo malo es que también aumentó la presión», admite.

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