Tesoros


La visita guiada a la Catedral de Toledo, magnífico ejemplo de la arquitectura gótica, cuesta 16 euros. También es verdad que incluye un recorrido por el museo catedralicio con una pinacoteca que exhibe maravillas de El Greco, Goya, Caravaggio o Tiziano. La conservación del Museo del Prado se financia, en parte, con las aportaciones de los socios de la Fundación Amigos Museo del Prado, que suma 36.000 miembros. La Catedral de Zamora, menos famosa pero no menos importante para los Amigos del Románico, cuenta con una fundación que la protege, la disfruta y la promueve, con más de treinta años de antigüedad. Y la Sagrada Familia de Barcelona se reconstruyó a lo largo de más de un siglo «exclusivamente gracias a donativos y aportaciones de miles de personas», dice en su página web la fundación que la gestiona. Esas donaciones, difíciles de cuantificar, suman varios millones de euros.

¿Se puede establecer una escala de valor que puntúe un monumento, un tesoro o una obra de arte frente a otro? Resulta difícil y engañoso. No es comparable un Goya con el Códice Calixtino, ni las retorcidas torres diseñadas por Gaudí tienen nada que ver con las pétreas figuras del pórtico de la Gloria. Pero sí es verificable el valor que le dan sus parroquianos, el interés por conservarlo y el orgullo por mostrarlo.

Las aportaciones de Amigos de la Catedral de Santiago ascienden a 32.976 euros, y solo una veintena de los socios son compostelanos. La restauración del Pórtico, a cargo de la Fundación Barrié, costó 6,2 millones. Pero yo no digo nada, que en Barcelona también hay quien cree que la Sagrada Familia es una aberración.

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