Adiós a las zapaterías Richard

Ricardo Arias y Maricarmen Blanco cierran el sábado por jubilación los comercios de un negocio familiar que comenzó en 1975 con una pequeña tienda en Caldeirería


santiago / la voz

Las zapaterías Richard echarán el cierre definitivo este sábado, día 29, después de varias décadas de actividad comercial en Santiago. Ricardo Arias Vicente y Maricarmen Blanco Sánchez cierran sus cinco comercios actuales. De la firma solo quedará Pachi, en Alfredo Brañas, que gestiona su hija Carmen y que está centrado en el calzado infantil.

El inicio del negocio familiar se remonta a la madre de Ricardo, Piedad Vicente, que abrió una primera zapatería en la praza de Cervantes. Lo hizo al regresar a su Santiago natal tras la muerte de su marido, que ejercía la medicina en Manzaneda. «Con solo tres años empecé a moverme entre los zapatos», recuerda Ricardo, que comenta que su madre se empeñó en que estudiará Mercantil antes de entregarse en cuerpo y alma al negocio familiar. «Aquel comercio estaba muy bien situado. Por allí pasaban todos los que iban a la Praza de Abastos», evoca.

Sería después de casarse con Maricarmen cuando Richard Zapaterías empezó su expansión imparable. En 1975, el matrimonio puso en marcha la zapatería de Caldeirería, y poco a poco fue haciéndose con un nombre en la ciudad. «La gente nos conoce por la calidad de nuestros zapatos. Recorrimos toda Europa para buscar lo mejor y traerlo a Santiago. A veces, cosas que no se habían visto en muchos sitios nosotros ya las teníamos», apunta Ricardo. Maricarmen comenta que «estos días la gente me dice que cerrar Richard es como si se llevaran la Catedral. No es tanto, pero demuestra el cariño que nos tienen».

Ricardo y Maricarmen no fueron ajenos al desarrollo urbanístico de Santiago. Su negocio fue creciendo con la ciudad. Sin abandonar el casco histórico, Richard abrió nuevas tiendas en el naciente Ensanche compostelano y, más tarde, cuando se inauguró el primer centro comercial en Fontiñas, el negocio familiar apostó por Área Central para seguir su avance. Ricardo considera que el «éxito estuvo siempre en el compromiso con los clientes, y el equipo de 18 trabajadoras. Algunas empezaron con 16 años, y siempre les dije que lo más importante era venir con una sonrisa al trabajo. Nada de peleas entre ellas. Y siempre hay que trabajar contentas», destaca.

La clave de tantos años de permanencia está también en «la dedicación al negocio. Fuimos a las ferias de Italia, París y Berlín para ver lo que había y traer lo mejor», apunta Maricamen. «Los clientes, algunos amigos ya después de tanto tiempo, decían que nuestros zapatos se tiraban por aburrimiento, pero que estaban intactos», recalca.

En el 2013 recibieron la medalla al mérito en el Trabajo del Concello de Santiago. «Aunque nos llamaron más veces, nunca lo quise, porque no me gustan esas cosas», asegura Ricardo.

«Tenemos derecho al descanso»

Ahora dicen adiós: «Después de tanto trabajo tenemos derecho al descanso». Advierten que el sector del calzado «es uno de los más duros. Hay que asumir muchos riesgos. El tiempo no ayuda nada. Si viene lluvia cuando tiene que venir sol, y al revés, hay un riesgo mayor. Y en los últimos años ha sido así con frecuencia», constata Ricardo. Maricarmen apostilla que, pese a todo, «a la vista de como ha ido la liquidación, está claro que tenemos un prestigio y que la gente responde». Desde el umbral de la jubilación, Ricardo lanza un consejo a los jóvenes: «El empresario nace, y luego se perfecciona con estudio y esfuerzo. Hay que tener la cabeza despierta para ver lo que no ven otros».

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