Maestro


Perplejidad en los aledaños del IES Rosalía de Castro ante el inicio del curso. La rutinaria certeza de la jubilación de quien fue su director durante 33 años, no diluye un poso de incredulidad. «¿De verdad no va a seguir Ubaldo?», «¿Se va a ir Ubaldo? No me lo creo». Son frases que se escuchan estos días entre alumnos y padres -algunos ya habían sido estudiantes en las mismas aulas con Ubaldo en la dirección-, y también en la ciudad, al margen de la comunidad educativa del Rosalía. No es para menos. Decir que la jubilación del profesor dejará un vacío imposible de cubrir es un tópico que no le hace justicia. Aciertan los incrédulos. Ubaldo es uno de esos escasos personajes imprescindibles y que, por serlo, no podrán jubilarse nunca. Ha contribuido al engrandecimiento de Santiago tanto o más que el mejor político -sí, alguno hubo- en estas tres décadas. Desde el liderazgo de un cuerpo docente bien cohesionado, elevó el IES Rosalía a una excelencia verificable, más allá de las frías estadísticas de selectividad e informes PISA, en la calidad de la formación académica y humana de miles y miles de compostelanos, y dio a la defensa de la enseñanza pública -de la que es un activista radical- todo su sentido. Nunca se quedó parado. Su machacona insistencia en busca de recursos, de entidades públicas o privadas, le permitieron hacer realidad iniciativas que pueden parecer un sueño para cualquier institución educativa. Solo un ejemplo: los premios literarios Juan de San Clemente son un referente internacional. Ubaldo estrenó jubilación acompañando el intercambio de alumnos con el Rosalía de Moscú. Ahí, aquí está. Y estará. Su colaborador Xabier Mouriño augura la mejor de las continuidades.

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