santiago /la voz

Culminar cualquier ruta del Camino de Santiago entrando en la Catedral con la fachada libre de andamios, subir por la antigua escalinata que también luce como nueva y acceder al pórtico de la Gloria recién restaurado es una experiencia única. Siempre lo fue. Pero desde ayer lo es mucho más, ya que lo primero que se encuentra el visitante justo antes de ver el pórtico, tras años de andamios, es la fachada libre de toda mácula. Es la misma cara, pero muy distinta que la que se vislumbraba desde la Praza do Obradoiro, con el granito oscuro y restos de musgo. La estampa desde la misma puerta fue objeto de debate entre detractores y defensores mientras esperaban turno, aunque los primeros aludieron al consuelo de que, con el tiempo, el color de la piedra volverá a ser el que preferían.

Acceder a este punto pudo suponer ayer hasta cuatro horas de espera, no para los más madrugadores, ya que el acceso desde las ocho de la mañana hasta casi el mediodía se hizo como un reloj, con el beneplácito del termómetro, sin lluvia y con una temperatura cómoda para tanta espera. Los tiempos se dilataron para los que llegaron sobre las diez de la mañana, porque su entrada al pórtico se retrasó hasta cerca de las dos de la tarde debido al parón de las visitas durante el oficio religioso del mediodía.

La cola siguió durante toda la jornada, bajo la supervisión del servicio de seguridad y la intermitente visita de personal de Correos, anunciando su servicio de consigna para las mochilas, prohibidas para entrar a la Catedral.

En la cola abundaban los peregrinos, con el tiempo limitado para permanecer en Santiago, pero también muchos picheleiros deseosos de ser de los primeros en ver su pórtico de la Gloria. Una vez traspasada la puerta de acceso, el silencio en la contemplación del pórtico fue la nota predominante, interrumpido por las cámaras y micrófonos que buscaban la primera valoración del público sobre el resultado de la restauración.

«Delicado», «precioso», «nada asonante», «increíble», «emotivo», «espectacular» es la retahíla de calificativos recopilados entre los cincuenta visitantes que accedieron al pórtico entre las once de la mañana y el mediodía. Y a todos, sin dudarlo, el madrugón y la cola les valió la pena. Mucho.

«Tiña algo de medo pola policromía»

Beatriz Gómez, compostelana, no quiso esperar para ver el pórtico de la Gloria y decidió que cuanto antes lo hiciese, mejor, ya que estaba recelosa. «Tiña algo de medo pola policromía, de que o resultado fose estridente, pero non é nada disonante. Gustoume moito», afirmó.

«Cambiamos planes para estar aquí»

Eloísa Repila ya tenía organizado su viaje a Galicia cuando unos amigos le dijeron que el día 27 abriría el pórtico. «Entonces cambiamos los planes para estar aquí hoy». Después de cuatro horas de espera, «se me puso la piel de gallina. Me impresionó».

«Fui el primero de la cola por casualidad»

Curro es un peregrino granadino que llegó al pie de la escalinata de la Catedral a las seis de la mañana y fue el primero en entrar. Él afirma que «fue casualidad» porque acababa de llegar caminando desde Pedrouzo. «Indescriptible, impresionante», valoró el pórtico.

«Nos consuela haber visto la Catedral sin andamios»

Miguel Ayuso y su mujer, Mercedes Alacid, llegaron a Santiago para recorrer el Camino de Santiago hasta Fisterra. Y cumplieron con el ritual de visitar la Catedral, que aún conservaba parte de los andamios. Y en ese momento supieron que el pórtico de la Gloria se podía visitar desde hoy. «Vinimos desde Pontevedra y tuvimos un problema con el tren». Con el tiempo muy justo para coger ayer el avión, a la larga cola de espera se sumó el parón obligado de las visitas por la misa, lo que les hizo desistir de ver cumplido su deseo. «Sabemos que sería muy interesante, pero nos consuela haber visto la Catedral sin andamios».

«Me hacía muchísima ilusión volver a verlo»

La pontevedresa Irene Salvado Garaboa llegó el jueves a Santiago tras recorrer el Camino Primitivo desde Irún con su hermano. En una de las etapas conoció a Claudia Hoffmann y, ya en equipo, afrontaron la recta final de su ruta. Nada más llegar supieron que la visita al pórtico de la Gloria podía ser el mejor broche de su experiencia. «Me hacía muchísima ilusión volver a verlo y me ha impresionado, porque el resultado es muy delicado», señaló Salvado. Su ya amiga, que desconocía la existencia del pórtico, no dudó ni un segundo en cambiar horas de sueño por un último madrugón. «Me gusta, me gusta todo», afirmó.

El santo dos croques pasó desapercibido

Antes de acceder al pórtico de la Gloria, los visitantes reciben un folleto informativo editado en gallego, castellano e inglés, que sirve como guía al incluir información de todas las figuras esculpidas por el maestro Mateo.

El documento recuerda la prohibición de tomar fotografías, de apoyarse en la piedra y de tocar cualquier pieza. Sea porque la letra pequeña nunca se lee, o que hay a quien le cuesta desprenderse de las viejas tradiciones, hubo visitantes, pocos, que se acercaron al santo dos croques en la parte posterior del pórtico con intención de tocarlo, como se hacía años atrás, para absorber parte de la sabiduría del maestro Mateo.

Pero el grueso de visitantes aprovecharon el cuarto de hora de la cronometrada y vigilada visita para recrearse con las figuras centrales, sobre todo aquellas en las que la policromía es más visible. Terminado el tiempo de rigor, los grupos deben abandonar el pórtico de la Gloria accediendo directamente al interior de la Catedral, una circunstancia que parte de los visitantes aprovecharon para recorrerla, acercarse a la cripta e incluso hacer una parada técnica en la tienda de la salida. También para reclamar más información sobre cómo se llevó a cabo la restauración y el origen de los diferentes tipos de policromías recuperadas.

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Así ven el pórtico: «Delicado, emotivo»