La tercera pata


Hay un animal migratorio que pasea por las calles de Compostela. Hace vida de día, pero también de noche. La especie se aclimata rápido al veroño gallego y a cada una de las 70 formas en las que cae la lluvia sobre las piedras del camino. En los últimos años se ha reproducido a una velocidad vertiginosa y, poco a poco, va colonizando nuevos países. Allí crean y procrean a nuevos miembros de esta tribu nómada, universal, caracterizada por un elemento distintivo: la tercera pata. Se trata de un miembro exógeno que utilizan para su retorno al lecho jacobeo, conocido como bastón, bordón o cayado, pues ha evolucionado de distintas formas.

El más antiguo se encuentra desde el siglo XVI en uno de los pilares del crucero de la Catedral, insertado en una fina columna. La tradición dice que es el bordón del apóstol Santiago, encontrado en su sepulcro. Y tras este, vinieron cientos de miles desde los rincones más recónditos del mapa. Unos más rústicos, otros más modernos. De la madera tallada o la rama robusta hemos pasado al bastón del trekker, una tercera pata extensible de aluminio esmaltado en colores. Sea como fuere, cada uno de ellos esconde una historia, una experiencia personal.

En muchos casos, sus bastones nacen y mueren para y por el Camino. Son parte de la esencia de esta ciudad. Por eso que la idea de reunir en una obra artística ese elemento que sirvió de apoyo y ayudó a tantos a llegar al Obradoiro, parezca más que oportuna. Ya hay una expuesta de forma permanente en el Museo das Peregrinacións y se ha vuelto a abrir la recolecta entre los peregrinos que alcanzan la meta para montar una intervención al aire libe en el Bosque de Galicia. ¡Larga vida al bastón!

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