Anxo Martíns Sanmartín: «Os cabezudos e os fogos é todo o tradicional que queda nas festas»

Juan María Capeáns Garrido
juan capeáns SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

XOAN A. SOLER

Su empeño personal permitió recuperar hasta hoy los peculiares bailes callejeros

16 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

A Anxo Martíns le gustan dos cosas por encima de todo: las tradiciones y bailar. Solo así se entiende que de pequeño anduviese persiguiendo a los cabezudos por las rúas de Compostela, una figura festiva imposible de desligar de los días grandes de la ciudad. Entonces, explica tras haberse documentado en los últimos años, «os sacaban os rapaces da inclusa, que ían pedindo a esmola ou algo de comer e beber». Su primer recuerdo de estas singulares estructuras es de los años 50, «cando botaban todo o día recollendo cartos», y él vivía despreocupado.

Ya de mozo, con 19 años, se fue a Madrid a bailar como profesional, y cuando regresó, en la transición de los 70 a los 80, ya no existía la inclusa y percibió que aquellos cabezudos que tanto le divertían estaban completamente desangelados y ni siquiera bailaban con criterio.

«No ano 81 fun falar co concelleiro Antonio López, da UCD, e pareceulle ben a miña proposta». Martíns le encomendó a Kukas y a Méndez algunos diseños, y ya metido de lleno hizo algunas averiguaciones: «Cando estaban facéndoos fun o arquivo e atopei debuxos dos antigos. Os que eu recordaba eran do ano 42, despois da guerra, e pedíronse a Zaragoza. Cos anos aparecen cousas, como unha foto feita no Hospital Real (Hostal) cos orixinais, e tamén hai unha fotografía de Ksado de 1913», aunque el origen aún va más atrás, hasta 1878.

Con esa información, e implicado como estaba en los grupos folclóricos de la ciudad -pasó por Brincadeira, Cantigas y Ultreia- no le fue difícil reunir cada año a ocho bailarines que se enfundasen las cabezas unos pocos días al año: «Na Ascensión non se saía, iso é cousa dos últimos trinta anos. O tradicional era o 24 e 25 de xullo, cando facíamos o encontro cos xigantes que saían pola Porta Real da Catedral. Agora perdeuse algo da liturxia», lamenta, entre otras cosas por cierta dejadez del Cabildo y por la manifestación que ocupa la praza da Quintana.

Ahora son veteranos procedentes de históricos grupos de baile los que mantienen las salidas, con bailes sencillos de dos o tres minutos, «porque dentro súas moito e case non ves nada», pero siempre manteniendo la vigencia y las modas musicales, que incluso trascendían a la muiñeira.

En el Concello, propietario de los cabezudos, saben que su presencia es una garantía de animación callejera, pero Martíns asegura que lo de los últimos años, con la avalancha de turistas, empieza a ser excesivo e incluso peligroso, «porque nós sempre facemos un círculo, e eles veña a meterse para facer fotos».

«Ninguén é imprescindible»

La cosa tiene peligro, porque el auténtico mérito de los cabezudos es su capacidad de bailar sin perder el equilibrio, ya que llevan todo el peso arriba «e a cabeza lévate». Ya han tenido algún golpe sin importancia, aunque para disgustos los que se llevan algunos de los niños, impresionados por la gigante presencia: «Forma parte do chiste», se disculpa. También los hay que quieren participar, y por eso siempre utilizan los descansos para que los más pequeños se acerquen, participen y bailen, «e os pais encantados, claro».