El regalito


Conocidas las alegaciones de los herederos del dictador a la reclamación judicial del Concello de Santiago sobre las estatuas de Abraham e Isaac, nada mejor que las pruebas que dejó la Historia, en letra impresa y en la memoria popular, para reforzar la posición de nuestra ciudad en este litigio que se empeña, como en los casos del pazo de Meirás y del Valle de los Caídos, en retrotraernos a un pasado que fue y nunca debió ser. Porque es una verdad irrefutable de la Historia que los cargos públicos y las élites sociales de entonces no se reverenciaban ante el dictador y su consorte para mantener sus privilegios; que estos no venían a Santiago un 25 de julio sí y otro también para entrar bajo palio en la Catedral y, de paso, recibir las prebendas de los pelotas del régimen, incluso con expolio del patrimonio público; que la Collares no sembraba el pánico entre los comerciantes allí por donde iba porque a ver quién se atrevía a cobrarle esa joya de la que se encaprichaba; que el pazo de Meirás y otros inmuebles nobles no fueron regalos ficticios sino muestras de agradecimiento a Sus Excelencias por tanta bondad. Esas verdades franquistas irrefutables son las que los herederos de los «abuelos» quieren hacer valer ahora en el pleito con el Concello de Santiago. ¿Alguien puede creer la «mezquina afirmación» -alegan- de que el alcalde de la época regaló las estatuas de Mateo «movido por el deseo de complacer a la esposa del jefe del Estado». Por supuesto que sí, lo contrario sería cerrar los ojos a las evidencias de la Historia, la democrática, la que exige la restitución de Abraham e Isaac, de Meirás y la nueva lectura del Valle de los Caídos sin los restos de Franco.

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