José Luis Iglesias: «Como no había personal suficiente les dábamos el biberón a los niños»

Tuvo una infancia feliz en la que entraba a hurtadillas en el consultorio de su padre

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Santiago / la voz

Dice José Luis Iglesias Diz (Forcarei, 1947) que la suya fue la infancia «de un niño afortunado». Tampoco parece que lleve mal la jubilación, en la que disfruta de su tiempo libre, de la pintura, de sus paseos por la ciudad y de sus aportaciones a la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia, en la que se especializó en su última etapa profesional.

Hay vocaciones que se van gestando y otras que casi nacen con la persona. Diz es de estos últimos. Porque ya entraba fascinado a hurtadillas en el consultorio de su padre, médico rural en Cerdedo. «En aquella época hacían de todo, atendían partos, sacaban muelas, componían fracturas... trabajaban como bestias y ganaban muy poco», cuenta. De sus padres, que estudiaron a sus tres hijos, solo tiene buenos recuerdos. «Eran excelentes, unas personas que nos instruyeron en la bonhomía, en las relaciones con las personas, y mis hermanos mayores también me cuidaron un montón», añade.

Tuvo claro que quería estudiar Medicina y se vino a Santiago, ciudad que ya conocía bien. Su padre lo traía al restaurante Victoria, en Porta Faxeira, y después a tomar café en el Derby. También fue un peregrino pionero. Hace cincuenta años que se lanzó a hacer el Camino desde Pontevedra. Por un lado estaba la aventura y por otro, «también queríamos venir a conocer chicas». Aterrizó en una pensión en la esquina de Hortas y Carretas, en el año 65, y con su etapa universitaria comenzó a informarse de los movimientos políticos y sociales.

Recuerda una noche de protesta en la Facultade de Historia. A las seis se la mañana entró la policía. Afortunadamente, el oficial de turno decidió no cargar contra los estudiantes y apeló a su condición de universitarios para que saliesen del centro. «También recuerdo una ocasión en la que me llevaron a una reunión del Partido Comunista en Cacheiras. No me acuerdo ni del sitio ni de lo que allí se dijo, solo del miedo que pasé», admite.

Los profesores de Medicina por aquel entonces eran todavía unos señores que sentaban cátedra desde su tarima, pero uno le marcó. «Peña Guitián era muy joven y yo salía de sus clases sabiendo porque era muy práctico». Cuando terminó lo tuvo claro y empezó la especialidad de pediatría en el viejo hospital de Galeras. «Era un servicio bastante avanzado, la verdad, porque Suárez Perdiguero, que fue quien lo creó, fue un moderno y un defensor de la pediatría y Peña era un discípulo aventajado».

Eran comienzos de los 70 y tanto la medicina como la pediatría eran muy diferentes. Recuerda Iglesias Diz que al principio, en el año 70, aún reutilizaban las agujas de palomita. Faltaba personal, no había suficientes enfermeras y auxiliares de enfermería, «por lo que nosotros le dábamos los biberones a los niños». Y también se comían en alguna guardia las papillas que hacían en la cocina dietética, «pero sí que había una idea muy clara de lo que era la pediatría, la atención integral al niño».

Después apareció el otro hospital de Galeras, que enseguida se quedó obsoleto, y por fin se trasladaron el Clínico. «A partir de los años 90, cuando empezaron el TAC y la resonancia fue una revolución, aún ahora sigo alucinando». Iglesias Diz detalla lo que a su parecer fueron los grandes avances de la medicina en las últimas décadas. Por un lado la tecnología y la posibilidad de que las pruebas determinen lo qué hay y cómo hay que hacerlo. Y por otro la protocolización de los procesos médicos, «aunque no se puede ser prusiano del protocolo, la capacidad decisiva al final está en manos del médico». Finalmente la historia clínica electrónica ha facilitado de forma significativa la verificación de los datos del paciente y agiliza mucho los trámites a dar por los profesionales sanitarios.

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