Santiago / La Voz

Logan Jeffrey y Kate Cunningham salieron de Jean Pied de Port hace un mes para hacer el Camino de Santiago. Cuando se acercaban a Compostela escucharon a Franz Ferdinand. El grupo estaba ensayando en uno de los escenarios del Monte do Gozo. Esta pareja de californianos, que hoy celebra su primer año de amor, no tenían ni idea del festival. Pero no se lo pensaron, y compraron dos entradas para su única noche en la capital gallega. Definen su mes de camino como «beautiful and hard», bonito y duro, y piden perdón por Trump. Lo curioso, dice Kate, es que la banda tocó en su ciudad y no fueron.

Kate y Logan son una parte de la amalgama que reúne O Son do Camiño. Dieciséis nacionalidades diferentes y perfiles diversos. Abundan los jóvenes, lógicamente, pero hay lugar en el Monte do Gozo para familias y grupos que hace décadas que dejaron atrás la adolescencia. Luca tiene 7 años. Sus padres, Alexandra Rodríguez y Javier Martínez, son de Ourense pero vienen de Gondomar. Es el primer festival de su hijo. No así de los padres, «antes éramos muy festivaleros, y ahora volvemos, este es el primero importante de Luca». Se nota que son expertos porque han visto a todos los grandes del cartel, solo les faltaba Franz Ferdinand «y tengo muchas ganas de verlos», dice Alexandra. Luca se prepara para The Killers, y asegura que aguantará hasta medianoche para ello.

Los más asiduos al festival son los grupos de jóvenes. Como el de Marta, Laura y otra docena de compañeros, amigos y conocidos, que se han repartido en varios pisos de la ciudad. Marta, que estudia Criminoloxía en la USC, es una de las anfitrionas «el cartel nos gustaba mucho, y quieras que no un festiva así de grande en nuestra ciudad apetece». A ella la jornada que más le convence es la de hoy, con L.A.M.O.D.A, Morgan o Two Door; mientras que Laura estaba expectante por el arranque de O Son do Camiño con The Killers y Lost Frecuencies.

De Vigo, Pontevedra, Santiago, Lugo o Noia llegaron Nerea, Alicia, Pablo, Álex, Lucía y Ángel, un grupo de jóvenes que no superan los veinte años. Algunos estudian Comunicación Audiovisual y no dudaron en venir por el cartel «y para poder vernos en verano». En este caso el sábado es para ellos la jornada más completa, y en lo que coinciden todos es que la organización ha funcionado muy bien en el primer día de festival. Apenas esperaron para coger el autobús y ni siquiera hubo que hacer colas a la entrada del festival.

Los que tenían vivienda en Compostela o amigos que los acogieron optaron por los pisos, y otros recurrieron a alojamientos, «reservamos la semana pasada en un albergue en la praza de Cervantes y la verdad es que no tuvimos ninguna dificultad», explica Alexandra. Al fondo, en el escenario principal, suena Talisco. La fiesta no ha hecho más que empezar.

A evitar la rotonda de la Galuresa

La jornada de ayer vivió más tráfico del habitual, porque al movimiento de taxis y autobuses se sumó el de los festivaleros que vinieron en coche. Y la mayoría optaron por entrar por la rotonda de la Galuresa y la zona de Pontepedriña, lo que complicó la circulación en esa zona. De ahí que la Policía Local recomiende a los residentes que van a atravesar la ciudad o ir al casco urbano que hoy y mañana, si no es imprescindible, no recurran al periférico sino que vayan por el centro, por la avenida Rosalía de Castro, una vía que no utilizan los que acuden al festival.

Autobuses cada 20 minutos

Para los que acuden diariamente al festival, el autobús es la mejor opción. Funcionan lanzaderas cada veinte minutos desde las 14 horas hasta las 4.30 de la madrugada. Las paradas están en el carril bus que está enfrente de la estación del tren y en San Lázaro. En las inmediaciones de este barrio también hay una zona de aparcamiento para los festivaleros, que pueden coger el bus desde ahí. Lógicamente los alrededores del Monte do Gozo están cerrados al tráfico habitual, y solo se permite la circulación de estos autobuses, los taxis y los residentes en la zona. Ayer no solo el ambiente y la organización permitieron una gran jornada en la que, pese a unas gotas sueltas, incluso perdonó la lluvia.

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«Fuimos festivaleros, y ahora volvemos»