«No me iba mal en Brasil, pero voy a intentar quedarme en Galicia si encuentro trabajo»


santiago / la voz

Los exámenes aprietan tanto o más que el calor, y Diego Brea apenas tiene unos minutos para hablar sobre su más inmediato futuro. Y eso que está a punto de escribir sus primeras líneas, en cuanto la semana que viene finalice los exámenes del máster que realiza en la USC y empiece a buscar trabajo. Sabe que juega con una ligera ventaja por la modalidad elegida: Tecnoloxías de datos masivos. Big Data, una de las especialidades más demandadas en el mercado laboral. «Es cierto que hay posibilidades de encontrar trabajo, lo que pasa es que no conozco el mercado aquí», reconoce.

Diego Brea Gonsalves es brasileño, pero su abuelo materno era de A Estrada. «En realidad allí ya no nos queda familia, porque mi abuelo se fue con sus hijos para Brasil». Ahora, gracias a la beca que ganó de la Secretaría Xeral de Emigración para realizar un máster en Galicia con la finalidad de quedarse, pudo visitar las tierras de sus ancestros. «Ya conocía Galicia por los viajes que hice antes. La familia de mi padre es asturiana y ellos me hablaron mucho de Galicia. Reconozco que, además de mejorar mis estudios, también tenía ganas de conocer mejor mis orígenes. Y otra cosa que me llamó es la gastronomía. Para nosotros, la gastronomía gallega es un momento festivo de reunión familiar».

Tiene 34 años, es licenciado en Tecnología de la Información y estuvo trabajando diez años en una empresa estatal en São Paulo. Sabía de las becas. «Miraba habitualmente la página web de la Xunta, ya estoy en contacto con ellos y sabía que había esa posibilidad. Ya había ganado una en el año 2011, pero tenía que adelantar el dinero y en ese momento no podía». Esta vez es diferente, la beca de Emigración no solo cubre el precio del máster sino también la estancia en Galicia mientras duran los estudios.

Ahora, a punto de acabarlos, su finalidad es cumplir con los objetivos para los que fue creado el programa: quedarse en la tierra de sus abuelos. «No me iba mal en Brasil, pero voy a intentar quedarme en Galicia si encuentro trabajo». Le gusta la tierra de sus antepasados, aunque le cuesta acostumbrarse a algunas cosas: «La lluvia. Llueve mucho, pero al menos no hay inundaciones», afirma desde una perspectiva de la vida todavía muy tropical. Otras cosas sí le llenan de satisfacción; la primera, haber tenido la posibilidad de completar los estudios con un máster muy demandado. Y la segunda, «hacer un curso de gallego. Tenía muchas ganas».

Antes de buscar trabajo, su plan más inmediato es reunirse con la familia. «Va a venir mi padre y queremos hacer el Camino de Santiago». Aprovecharán para conocer mejor A Estrada, el lugar en el que hace muchos años la familia de su madre empaquetó sus recuerdos y cruzó el charco.

Como Diego Brea, o como Olalla Martínez -una enfermera viguesa que tuvo que emigrar al Reino Unido y que ahora explora el retorno-, un centenar de emigrantes gallegos que llevan un año estudiando en las tres universidades de la comunidad están a punto de pasar la prueba de fuego: encontrar un trabajo. Lo harán sobradamente preparados tras cursar másteres que van, desde los relacionados con el mundo de la banca y la empresa, a los que tienen que ver con la informática, la energía, la ingeniería de automoción o el comercio internacional.

Analizar de aquí a un par de años su inserción laboral será la prueba del algodón para este pionero programa. De momento, las sensaciones son buenas. La demanda creció un cien por cien. Bienvenidos sean.

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