Una vecina de Arzúa le reclama a la Seguridad Social seguir trabajando

La mujer, del servicio de limpieza de la Xunta, alegó contra una propuesta de incapacidad permanente


arzúa / la voz

Damián tiene 17 años, cursa primero de bachillerato en el IES de Arzúa, y quiere estudiar Medicina. Lo cuenta su madre, Isabel Quintás, que, en la parte que le toca, está dispuesta a dejarse la piel para darle al joven la oportunidad de formarse para llegar a ejercer de lo que le gusta. Si puede. Porque a esta vecina del municipio arzuano la Seguridad Social le ha propuesto acogerse a una incapacidad permanente sin ella quererlo, ni pretenderlo.

Todo lo contrario. El mismo día en el que tuvo conocimiento del inicio del correspondiente expediente, el pasado día 6, esta trabajadora del servicio de limpieza de la Xunta de Galicia alegó para que se revoque un estado que, de mantenerse, le reducirá en un 25 por ciento su salario como personal laboral de la Administración autonómica: poco más de 1.000 euros con los que hacer frente a los gastos corrientes, al pago de una hipoteca y a parte de la manutención del menor.

Desde este mes, las piruetas numéricas para gestionar la economía doméstica ya las hará con la retribución estatal. A no ser que le concedan el alta médica que también se apresuró a solicitar o resuelvan favorablemente la reclamación en contra de la incapacidad permanente, una resolución que la pilló totalmente de sorpresa porque, según cuenta, daba por hecho que le concederían la prórroga con la que alargaría en 6 meses la baja médica que, en el último año, la mantuvo apartada de su puesto de trabajo con «infernales» dolores que calma a diario con considerables dosis de morfina.

De momento, Isabel Quintás, que a sus 57 años lleva casi 40 cotizados, descarta solicitar esa prórroga para ampliar en medio año el estado de incapacidad temporal. Necesita ganar tiempo; corre en su contra. Desde enero, la mujer está esperando a que la llamen del Hospital Clínico Universitario de Santiago para una resonancia que en el servicio de neurocirugía, al que la derivaron a principios de año desde traumatología, necesitan para valorar si la intervienen por la deformación que le diagnosticaron en la columna.

Transcurrieron casi seis meses, la mitad de su baja médica. «Es la pescadilla que se muerde la cola», señala la mujer, que recurre al refranero para poner el acento sobre cómo los retrasos en Sanidad repercutieron, en su caso, en una indeseable situación. En mayo, presentó una queja en atención al paciente por dilatarse la prueba. Esta semana, reiteró la protesta. A ver qué pasa. Ella confía en que todo saldrá bien. Ojalá.

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