La moda de llevarse señales del Camino obliga a Turismo a una reposición continua

Margarita Mosteiro Miguel
Marga mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

El de Fisterra y el nuevo trazado del Inglés, rotulados hace poco, aún tienen los mojones intactos

17 jun 2018 . Actualizado a las 21:21 h.

Mantener en estado óptimo los Caminos de Santiago no resulta tarea fácil, y requeriría casi de un ejército de canteros y paisajistas para conseguir que las rutas, sin perder la idiosincrasia propia de los caminos salvajes, ofrezcan el mejor de los aspectos posibles para brindar al peregrino todas las comodidades imaginables. Sin embargo, hay una parte de este confort para el que, por mucho empeño que pongan los responsables del mantenimiento de los Caminos, es absolutamente indispensable la colaboración de quienes peregrinan y pasean por el Camino. Se trata de la conservación y cuidado de la valiosa información del punto kilométrico que se ofrece en cada uno de los mojones colocados en cada cruce de los Caminos para guiar a los romeros.

En algunos tramos del Camino Francés en Melide, por ejemplo, es más fácil contar los mojones con placa que sin ella. En otros, como el Camino de Fisterra en su tramo compostelano y en el Inglés, en los kilómetros urbanos, las marcas siguen en los mojones, aunque hay que reconocer que su colocación es muy reciente.

En las otras rutas de peregrinación, quienes caminan tienen numerosos ejemplos de sitios en los que las placas han desaparecido, y no han sido repuestas después de meses. Esta absurda práctica de arrancar las placas está tan extendida que un vecino de San Lázaro reconoció que no recuerda haber visto nunca el mojón de la entrada a la rúa Valiño, en el cruce con la rúa París, con placa. Algo parecido comentaron en el entorno del mojón situado en la rúa Angrois, a pocos metros del cruce con la rúa Cruceiro de Sar, donde se abrió un debate entre una mujer que aseguró que hacía unos días estaba, y otros que decían que el año pasado ya faltaba. Es posible que los dos tuvieran razón, porque la realidad es que, pese a la reposición de las placas, es habitual que vuelvan a desaparecer. La mayoría de las señales que faltan corresponden a mojones que están situados en puntos aislados, y en los que puede resultar más fácil dedicar un tiempo a arrancar la placa sin ser blanco de las miradas críticas. Pero no faltan solo en sitios más o menos discretos, también en el centro de la ciudad hay ejemplos de estos pequeños hurtos.