Ramón Castro: «El Hostal me generaba fascinación»

Jubilado de la industria farmacéutica, músico y directivo de la SD Compostela, mandó un penalti fuera del campo de Santa Isabel que no truncó su pasión futbolera

.

santiago / la voz

Nombre. Ramón Castro García. «Tengo 69 años más dos».

Profesión. Representante farmacéutico jubilado.

Rincón elegido. Rúa das Hortas. Allí vivió en la infancia, a la sombra del Hostal dos Reis Católicos.

El patio de recreo de Ramón Castro fue la Praza do Obradoiro. Su familia, originaria de Rois, adquirió a principios de los años 50 una casa en la rúa das Hortas desde la que veía San Fructuoso y una de las torres de la catedral. Pero lo que más llamaba su atención era el Hostal dos Reis Católicos, que justo en ese momento iniciaba su andadura como emblema turístico de Compostela. «Los coches que llegaban, los visitantes ilustres, su arquitectura, sus gárgolas, todo me generaba fascinación», confiesa. Su visión era, en todos los sentidos, de abajo a arriba. Por eso, ya en este siglo, decidió sacarse la espinita y vivir la experiencia junto a su mujer de pasar un fin de semana alojado. «Maravillosa», resume.

Su pasión por el fútbol la desplegó por las plazas más majestuosas de Santiago para disgusto de los policías locales, que andaban todo el día detrás de él y de sus amigos. «Había un agente que era malo como el demonio y si te cogía la pelota, te la rajaba». En su imaginario juvenil hubo un momento en el que se le cerraron las puertas del deporte. Se vistió de corto y se fue a hacer unas pruebas al campo de fútbol de Santa Isabel. «Nos pusieron a tirar penaltis y yo mandé el mío a la puerta del bar Pico Sacro, en la esquina de Entrerríos. Me dijeron que no valía», lamenta. La pasión por el mundo del balón no decayó, pero vivió aletargada medio siglo en el que vivió como un aficionado más.

Estudió en el Xelmírez cuando se llamaba Gelmírez, en Mazarelos, y comenzó los estudios de delineación, pero la mili se cruzó en su vida. La hizo en Madrid, y al volver, en el año 70, le hablaron de un buen puesto como representante de unos laboratorios farmacéuticos. La entrevista fue en los salones del Hostal, junto a su casa, y la respuesta de la empresa fue afirmativa. Así inició una larga carrera en la que fue escalando -«soy muy peleón»- hasta convertirse en responsable del noroeste de una potente firma. En las reuniones en Madrid y Barcelona era «el gallego de Santiago», y de viaje siempre percibió una especial admiración por su ciudad que le llenaba de «orgullo y satisfacción», dice con tono jocoso.

Con trabajo fijo y enamorado como estaba, la boda no tardó en llegar. Sin embargo, una espléndida nómina de 39.000 pesetas le obligó a divorciarse a tiempo parcial de Compostela. «Empecé a trabajar desde A Coruña, una ciudad que siempre me gustó, pero la idea era ir por siete años y al final estuve 32». No se arrepiente. «Los fines de semana veníamos siempre», y más cuando sus dos hijos empezaron a estudiar. «También les traíamos los táper algún día de semana».

En el sector farmacéutico vivió «cómodo» 43 años. El mundo sanitario cambió mucho en esas décadas, pero de esos contactos sacó una impecable capacidad para relacionarse con la gente. Ya jubilado, un amigo le tiró la caña. Antonio Quinteiro acababa de acceder a la presidencia de la SD Compostela y buscaba a alguien de la ciudad que le echara una mano con las relaciones públicas para relanzar el proyecto futbolístico. Pidió permiso en casa y así empezó una trayectoria muy enriquecedora en lo personal pero con muchos sinsabores, algunos deportivos, como el descenso de Segunda B, o la rebelión titánica contra una ciudad a la que le cuesta movilizarse por lo suyo. «Fuimos pidiendo ayuda empresa a empresa y el resultado no fue satisfactorio». Ahora el club se «autofinancia» tras el esfuerzo económico realizado por Quinteiro, y con esa base cree que hay mimbres para poner al Compos en su lugar natural. ¿Y cuál es? «Segunda División», dice convencido. En esa categoría el dinero «entra y sale» de otra manera, analiza, y pone como ejemplo al Numancia, de Soria, que se sostiene establemente en una ciudad más pequeña que Santiago.

Mientras los resultados van poniendo a cada uno en su sitio, él va peleando para elevar la estima por el club. Organizó las bodas de oro de la refundación del Compos, promueve charlas de los futbolistas en los colegios y se ha preocupado por buscarle un hueco a los trofeos de la cantera. «Ya no caben». Hay esperanza.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
3 votos
Comentarios

Ramón Castro: «El Hostal me generaba fascinación»