Cambios


No sé, como no sabía Bowie en su canción, lo que estoy esperando. No lo sabemos. Nadie. Y, sí, como decía el gran David, nuestro tiempo corre salvajemente a través de millones de callejones sin salida. Pero, qué quieren que les diga, ser periodista es siempre apasionante, pero más cuando los cambios se nos enfrentan de modo tan frenético y determinante como en la última semana. En solo unos pocos días se fue Zidane por sorpresa tras ganar tres Champions seguidas y una extraña y variopinta coalición de todos contra uno echaron a Rajoy, que ya se las prometía muy felices con sus nuevos presupuestos aprobados gracias al partido, el PNV, que luego fue el que apretó el botón de la traición. En horas, Pedrito se ha convertido en el presidente Sánchez y ha respondido a los que le acusaban de venderse a los independentistas nombrando a Josep Borrell ministro de Asuntos Exteriores. Gabriel Rufián, el insoportable y plasta bufón tuitero de ERC, lo ha hecho posible con su voto de censura al PP. Es la maravilla de los cambios. Y la rueda sigue girando. Mariano Rajoy deja la política y la presidencia de su partido y el nombre de Feijoo vuelve a estar en todas las quinielas para sucederle. Cambios también en clave doméstica. Rubén Cela no volverá a encabezar la lista del BNG a la alcaldía de Santiago. Un político honesto, educado, amable e inteligente lo deja. Otro, como Gumersindo Guinarte, decano de Derecho en la USC, se postula para liderar al PSdeG-PSOE en las próximas elecciones locales. Pero quizás esos cambios nos traigan otro nombre que estuvo y lo dejó, como el de Bugallo. Todo parece quieto, pero se mueve. Y de qué manera.

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