Herencias


El cortoplacismo de quienes ejercen responsabilidades de gobierno, sean cuales sean sus siglas, es un mal endémico que corroe a todas las administraciones hasta la médula y provoca un costoso saqueo del erario público. El que entra se queja de las herencias envenenadas de los que salen, ejemplo con garantía judicial de su pésima gestión, pero no transcurrirá mucho tiempo antes de olvidar tanto lamento y subirse al mismo carro de los fines, ya sean de gestión ordinaria ya sean objetivos políticos, que falazmente justifican medios irregulares. El continuo rasgarse las vestiduras de Martiño Noriega cuando, recién llegado al Concello, certificó el flujo de sentencias desfavorables por pleitos con empresas contratistas o concesionarias, hasta convertirlo en centro del debate político contra el PP y el PSOE, no ha servido para acabar con esta práctica. Peor aun, Compostela Aberta juega con fuego, pone en riesgo los intereses municipales y lo hace de forma sistemática para perseguir sus objetivos políticos. El caso más sonado es el de la municipalización de la ORA y la grúa, una presa política que se le revolvió más de lo previsto al gobierno local y que bajo ningún concepto iba a dejar escapar, urgido como está de presentar a su electorado un trofeo en uno de los capítulos centrales de su ideario. ¿Que los servicios municipales ponen obstáculos con sus informes? No hay problema, se fabrican otros ad hoc para justificar la huida hacia adelante, que para eso el alcalde creó una potente cocina jurídica de su absoluta confianza. El impacto del bumerán va a ser cuestión de tiempo, y a saber si será Noriega el receptor de esa herencia envenenada.

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