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La Universidade de Santiago está citada mañana con las urnas para elegir rector sin grandes dramas; al menos esto es lo que ha dejado entrever la campaña electoral a lo largo de casi dos intensas semanas. Se mire como se mire, los cuatro años que afrontará el rector, sea el segundo mandato de Juan Viaño o el primero de Antonio López, pintan mejor que los que concluyen, pero no por ello se desvanecen grandes objetivos hacia los que debe seguir avanzando la USC. Por lo que dejaron negro sobre blanco en su debate en La Voz, la prioridad será trasladar a la gestión del personal docente e investigador y de administración y servicios el oxígeno que tomará la institución académica tras aflojar las estrecheces de los últimos años. Será un buen comienzo para esta etapa, porque hay auténticas urgencias docentes en las facultades, así como necesidades para fortalecer el músculo científico de una USC que cuenta con grupos de investigación de referencia internacional y cuyo liderazgo está avalado en gran medida por la captación de recursos externos. El futuro de la Universidade no lo será si no es capaz de competir para formar, atraer y retener talento, y por ahí deberán circular las prioridades. Sin olvidar que la crisis que ha impactado con dureza en la sociedad también ha urgido cambios en una estructura de la USC lastrada por el inmovilismo de décadas anteriores, cambios imparables para mantener el rango en un entorno competitivo como nunca antes. La comunidad universitaria votará -ojalá el alumnado supere su sentimiento de convidado de piedra y participe- entre dos opciones para una USC brillante, magnífica.

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