«Una grave depresión familiar me llevó a investigar la silla movida por el cerebro»

Jacobo Penide, ingeniero de 43 años, director general de Telecom, subraya que las enfermedades mentales afectan a 300 millones de personas

Jacobo Penide: «Una grave depresión familiar me llevó a investigar la silla movida por el cerebro» El director general de Telecom Galicia, habla sobre uno de los proyectos más ambiciosos de su empresa. Basado en la electroencefalografía, el siguiente paso será utilizar esta tecnología en la detección precoz de enfermedades mentales.

redacción / la voz

Ingeniero de Telecomunicaciones, Jacobo Penide (Santiago de Compostela, 25 de diciembre de 1974) ha involucrado a Telecon Galicia, de la que es director general, en un proyecto de investigación: lograr que una silla de ruedas sea capaz de moverse a través de órdenes cerebrales. Está a punto de conseguirlo. Luego, irá más allá. Quiere detectar tempranamente enfermedades mentales con esta tecnología.

-¿A quién se le ocurre nacer el día de Navidad?

-Eso me pregunto yo. Pobre madre, que se pasó todo el día de Nochebuena en el hospital.

-En esta empresa, que nació en 1985, tiene como socio fundador a Antonio Vázquez. Usted es el primer ejecutivo. Entre ambos se reparten el 50 % del capital ¿Cómo se toman las decisiones?

-Estando alineados y con la perspectiva de futuro. Para entenderse bien hay que valorar el peso de la parte emocional. A veces es lo que te permite ceder hoy para ganar mañana.

-¡Qué competitividad hay en la cúpula de la compañía!

-Al contrario, la relación es muy sencilla y muy fácil. Ahora estamos constituyendo otras compañías que formarán un grupo, y Telecon será la matriz. Nos hemos metido en distintos proyectos de investigación. Así que conformamos una empresa que se dedica al mundo de la medición (contadores digitales para compañías eléctricas); otra firma, Handytronic, está innovando en el mundo de la salud. Queremos crear soluciones para personas con problemas de movilidad y de salud mental. Cuando me incorporé a Telecon decidimos apostar por el producto propio, que es donde yo me siento cómodo: creando cosas. Impulsamos el departamento de ingeniería e invertimos en el desarrollo del producto. En la actualidad, el 99 % de las ventas se corresponden con artículos que diseñamos y fabricamos aquí. El 70 % son operaciones en el exterior.

-Por su relación con las compañías eléctricas (ya sabe que son el centro de atención de cualquier consumidor), ¿qué opina de ellas? [Silencio. Medita la respuesta].

-Tienen algún problema.

-Podemos pensar que desde el punto de vista del usuario la tarifa eléctrica es elevada, pero las eléctricas tienen sus necesidades de inversión... Filosóficamente tenemos que tender a que los costes eléctricos sean los mínimos posibles. Es un mercado muy complicado que está haciendo un ejercicio importante para que la información llegue al usuario.

-En el mundo de la salud están diseñando un sistema para que una silla de ruedas se mueva por órdenes cerebrales.

-Sí.

-Una locura.

-Tristemente, creo que no hay empresas tecnológicas en Galicia que aporten producto al mundo de la salud. Quizá sí camas, sillas y otras unidades elementales tecnológicamente. Las compañías de este sector son gigantes (norteamericanas, suecas...), con poca flexibilidad y poca capacidad de adaptación a las necesidades de ciertos nichos de mercado. Como nosotros somos más pequeños, somos más flexibles que las multinacionales. Nos surgió un proyecto con el Sergas, que tenía un problema en los quirófanos. Se consumía muchísimo aire medicinal. Descubrieron el porqué, y en ningún sitio del mundo daban con la solución. Nos lo dijeron, desarrollamos un prototipo, que implantamos en el Hospital do Barbanza, lógicamente pasando por los protocolos establecidos, como son los de la Agencia Española del Medicamento. Fue un éxito, y este trabajo nos permitió adaptar nuestro modelo de producción al mundo sanitario. A partir de ahí decidimos abordar el proyecto para personas con problemas de movilidad.

-¿Por qué tuvo esa necesidad? ¿Algún problemas familiar?

-Es una confesión personal. A lo que yo quería llegar es a detectar precozmente enfermedades mentales. Intentamos que la tecnología que estamos utilizando para monitorizar el cerebro nos permita ver lo que está pasando dentro de él. El proyecto es tan ambicioso que decidimos hacer un paso intermedio: lograr que una persona que no tiene movilidad en brazos y piernas pueda mover una silla de ruedas. La necesidad de investigar el proyecto de la silla de ruedas movida por el cerebro vino motivada porque un familiar muy muy próximo tuvo una depresión gravísima. Como ingeniero, tenía que entender qué es lo que estaba pasando. Empecé a investigar: fui a conferencias de todo tipo, en Estados Unidos, en China... Entonces descubrí y estudié esta tecnología, que es muy antigua [la electroencefalografía]. En Telecon le añadimos una capa más de inteligencia artificial. Es la que está buscando patrones que nos permitan detectar la enfermedad. Fue en ese momento cuando decidí poner en marcha el proyecto. El objetivo es resolver un problema inicial, el de la movilidad, y luego acometeremos el siguiente paso, que es el de detectar enfermedades mentales de manera precoz.

-Este proyecto de ustedes le puede pegar un susto a más de uno.

-Es un plan muy ambicioso y de gran riesgo. Es un mundo inexplorado. Estamos muy a la vanguardia. Nos invitaron a Silicon Valley porque se trata de una iniciativa muy innovadora. Nos encontramos con un mundo en el que están la psiquiatría por un lado, los psicólogos por otro, y también los neurocientíficos. Al principio nos resultó complicado, porque parece que estás removiendo sus pilares, pero sorprendentemente luego lo vieron como una posibilidad de desarrollar nuevas herramientas. Hay más empresas que están trabajando en este asunto. No es para menos. Este problema relacionado con la salud mental afecta a más de 300 millones de personas a nivel mundial.

Lo difícil es fácil

Tiene 43 años. A menudo dice: «A ver si somos capaces», y siempre lo intenta. Busca la excelencia. Su compañía factura cinco millones y vende a multinacionales, por eso está presente en más de 50 países. Está casado, tiene dos niños pequeños y no le gusta el fútbol. Ni vio la última chilena de Ronaldo.

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