Pues claro


Claro que los compostelanos no entienden nada, claro que asisten atónitos a esa opereta bufa cada vez más frecuente donde los políticos, en vez de aportar soluciones para mejorar la vida de los ciudadanos, incluso en aspectos de lo más elementales -como este- no hacen más que poner palos en las ruedas. Sí, claro. Otra vez la depuradora. Otra vez. Y van... E irán, porque desde estas páginas, aun a sabiendas de que este no es uno de esos temas «sesudos» que arrasan en las pantallitas, no nos cansaremos de manifestar tres o cuatro cosas con absoluta claridad: 1. La depuradora es una necesidad urgente, ineludible, para Compostela, no ya porque nos pueda caer una multa europea de órdago, que también, sino para poner fin a la vergonzosa situación enquistada en la que todos acabamos siendo corresponsables de un delito medioambiental. 2. Debe hacerse con el menor coste posible para los bolsillos de los compostelanos, lo que difícilmente es compatible con la pérdida de fondos europeos, fondos que se esfumarán si la depuradora no está funcionando en el 2023. 3. La política enfangó este asunto al menos desde el 2011, cuando Conde Roa, por interés electoral, cambió el rumbo desde Silvouta a O Souto y marcó para el PP el devenir del proyecto. Ahora bien, Compostela Aberta no hizo nada durante dos años y medio; más aún, asumió O Souto y ahora se mete en una huida hacia adelante con una posible solución para volver a Silvouta pero que puede acabar en ninguna parte, una alternativa plausible hace dos años pero un serio peligro ahora mismo. Y 4. Si este asunto no acaba bien -y cada vez apesta más- acarreará serias responsabilidades políticas. ¿Está claro?

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Pues claro