Las guardianas de Compostela

Patricia Calveiro Iglesias
p. Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

Paco RodríguezXoán A. Soler

Las gárgolas son las grandes olvidadas, testigos silenciosos en la capital del paso del tiempo, que esconden curiosas historias

02 abr 2018 . Actualizado a las 10:10 h.

Compostela tiene sus propias guardianas. Se cuentan por cientos y desde hace siglo vigilan sus calles desde las alturas. En la ciudad de los pichos y las fuentes, ellas son las grandes olvidadas, a pesar de haber sido esculpidas con mimo por maestros canteros y tener una función fundamental, la de aliviar el agua que se acumula en los tejados y lanzarla a cierta distancia para que no se dañe la piedra. Las gárgolas protegen algunos de los edificios más emblemáticos del casco monumental. La mayoría son fieras o bestias, entre las que abundan las águilas, los grifos (con cabeza de ave y cuerpo de león) y otros seres fantásticos que sembraban el miedo en la época, porque su misión era la de custodiar los edificios y ahuyentar de ellos a los enemigos.

Una de las personas que mejor conoce los secretos de las guardianas de Compostela es Juan Manuel Segade, guía turístico profesional que desde hace un año realiza una ruta contando las curiosidades, mitos y leyendas que rodean a estas singulares esculturas. Aunque empezó siendo una iniciativa benéfica, pronto vio el interés que generaba. «Iba a ser solo un día, pero ante la demanda abrí una segunda convocatoria y vinieron en total 75 personas», cuenta. El público es, fundamentalmente, de Santiago y sus alrededores. Turistas y peregrinos, dice, prefieren los recorridos por los monumentos típicos.

Las guardianas son muchas, y algunas muy curiosas. «Solo en el entorno de San Martín Pinario hay unas 70, es donde más se concentran, y más de medio centenar en el Hostal dos Reis Católicos», indica Segade García, cuya ruta trasciende a la zona monumental y hace también escala en la Finca do Espiño y en la casa de López Pedre (O Pombal).