Las esculturas del Pórtico quieren regresar del largo exilio

La familia Franco hace oídos sordos a la reclamación del Concello sobre las tallas de Abraham e Isaac

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santiago / la voz

La familia Franco no se siente fuera de tiempo ni de lugar, y sí como la institución sacra y cesárea de antaño. Justo lo contrario de como la ven millones de personas. Y no quiere apercibirse de ello. Hace oídos sordos a las demandas de hogaño. Dios les conserve a los Franco su pensamiento, que es suyo y nadie se lo va a reclamar, pero no pueden mantener entre sus posesiones dos tesoros que no le pertenecen.

El mensaje del dictador de que quedaba todo atado y bien atado, que resultó ficticio en la política, no debió incluir las piezas artísticas atesoradas por la excelentísima cara. Esta fue la única razón que movió a la pareja Francisco y Carmen a pedir que le embalasen a Abraham e Isaac y le llevasen el paquete a Meirás. Tener las esculturas en la escaleras de acceso a las plantas superiores de Raxoi se comprobó que no era un sitio atinado a la vista de ciertos personajes.

Y se inició la larga noche de la piedra usurpada en la finca caudillesca. El término usurpación figura en el informe jurídico que dio pie a la demanda municipal de recuperación de las esculturas. Auténticas joyas universales, dijo Chamoso Lamas. Esa reputación recibe el aval de la declaración de bienes de interés cultural por parte de la Xunta. La familia Franco ya tiene ahora arte BIC en su casa. Se puede disfrutar un rato de ello, antes de devolverlo. Los Franco deben convencerse de que en Santiago Abraham e Isaac serán felices tras un largo exilio, en el que no tuvieron que ir a Argentina o México.

La desaparición de las piezas debería equivaler al pago de 400.000 euros a los descendientes del vendedor de las estatuas, Santiago Puga. O a las instituciones benéficas de la ciudad. Traducidos al lenguaje monetario actual, esos euros podrían dar para algo más que confetis en el Cottolengo. Pero claro, la indemnización tendría que salir de los bolsillos del ex alcalde Otero Aenlle. Mejor no menearlo. Más de uno le perdonaría su fechoría si no pariese el Ensanche.

Los Franco no están teniendo suerte en su imagen pública, y tampoco remilgos para enderezarla. Han perdido una gran oportunidad para conciliarse con el mundo al despreciar a los propietarios del arte medieval que disfrutan en su casa. A los dueños legítimos de Abraham e Isaac.

De piedra

Las estatuas se fueron y no volvieron porque el retorno era imposible. Lo curioso de esta desventura es que el escultor Asorey felicitó al Ayuntamiento de Santiago por adquirir las figuras para la ciudad, «una meritoria labor que hace grandes a los pueblos». Se debió quedar tan empedrado como Abraham cuando supo que habían volado las piezas.

Pedir su vuelta en tiempos del Caudillo sería tanto como desalojar el calabozo de cacos para llenarlo con mandatarios municipales. Era una época de dar y no recibir. Esta semana salió a la palestra la gran finca de Bando, expropiada para el ejército. Lo que recibieron los expropiados les dio para unas tazas en el Franco, según expresó a este periódico un vecino. Bueno, pongamos que para unos barriles. El guapo que se opusiese al precio quedaría feo al instante, y ya había bastantes Picios en esa nefasta época. El Generalísimo no era muy bromista.

En fin, ya hay litigio judicial y la gente pide que vuelvan a Santiago las esculturas anheladas. Y quizás otras joyas catedralicias que puedan andar rondando por ahí. Todo depende ahora de un juez madrileño para que padre e hijo bíblicos regresen triunfantes junto al bíblico Apóstol.

Aparte de la dicha que supone para la ciudad recuperar las figuras, hay un pellizco de moraleja en el proceso: la alianza institucional (Xunta, Congreso, Concello) para ganar esta batalla. Es un buen camino, pero fácil de quebrar. Constituye un gran éxito el reconocimiento de la valía del Códice Calixtino por la Unesco. Y hay que felicitarse por la resonancia mundial que envuelve al histórico volumen.

Un acto en la sala capitular de la Catedral, con un amplio abanico administrativo e institucional, rubricó el evento. Pero alguien debió hacer la lista de invitados de carrerilla y se olvidó del alcalde. Se olvidó de la ciudad del Códice. Qué cabeza la mía. Qué agravio más merluzo y gratuito.

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