Un mundo casi rural que se codea con la urbe

Casas de planta baja, huertas, gallinas y una vía romana, sin renunciar a los servicios de la ciudad, hacen un lujo de Sar


A las orillas del Sar y al amparo de la Colegiata de Santa María de Sar lleva nueve siglos creciendo el barrio, y aunque las modernidades, el urbanismo y el tráfico modificaron su fisonomía, sigue manteniendo un ambiente medieval que lo han convertido en un lujo; está a solo un kilómetro del ruido de la urbe, de los edificios de diez plantas, de los atascos y de los codazos, pero mantiene sus casas de planta baja y diseño tradicional, sus huertos de patatas y tomates, sus gallinas y su vía romana, la misma por la que llegaban los peregrinos de la Vía de la Plata y los vinos del Ulla.

Sar ha sufrido, eso sí, la herida que le produjo la construcción de la carretera de circunvalación y de la vía del tren que han partido el barrio en dos, de tal manera que hoy se le identifica solo con el entorno de la colegiata, cuando el barrio en sí, y sobre todo la parroquia, es muy amplia, desde Viso y Angrois a lo alto de Castrón Douro, y desde las Brañas de Sar hasta Belvís.

Pero fue mucho más en el pasado. Lo atestiguan los promotores de Espazo Veciñal de Sar, una asociación creada hace algo más de un año para revitalizar el barrio y que ha localizado archivos históricos de la fundación del antiguo ayuntamiento de Sar en el que consta que sus dominios iban desde Pico Sacro a Lavacolla, e incluso se adentraban en terrenos de Conxo, algo que puede derivar en una cordial rivalidad vecinal.

Recuperar la memoria del barrio es otro de los objetivos de la entidad, tal y como reconoce Manuel San Martín, uno de los fundadores de Espazo Veciñal de Sar. San Martín nació en otro barrio con personalidad, el de San Pedro, pero como se mudó a los dos años, dice que es de Sar. «Non vou dicir que é un exilio, pero foi unha mellora de calidade de vida», asegura con humor. Esas rivalidades han dado lugar a anécdotas muy curiosas. Recuerda que un pariente suyo de San Pedro tenía una novia en Sar, y para verla tuvo que hacerse un pasaporte autorizado por los jóvenes del lugar, «senón non lle deixaban entrar».

Espazo Veciñal de Sar reunió en una exposición unas 250 fotografías antiguas recogidas entre sus vecinos que son un ejemplo gráfico de lo que la entidad quiere hacer: recordar cómo vivían sus antepasados para no perder su identidad, pero sin olvidar que son otros los tiempos y que Sar tiene sus necesidades urbanísticas, culturales y sociales. Y en ello están. Porque como recuerda Xabier Cajaraville, otro vecino involucrado en la revitalización del barrio, «hai xente que está na comisión de festas ou na organización da Feira Medieval, pero nós traballamos con outras cousas, como as melloras nas infraestruturas, na calidade de vida...». El año pasado organizaron un curso de masajes para bebés y fue tal el éxito que van a repetirlo. Y todo ello sin olvidar el pasado, porque Xabier recuerda con nostalgia «cando iamos a zona do Gaiás para facer cabanas, pasabamos o verán na rúa; agora os nenos non xogan, cos videoxogos e os móbiles pasan o tempo». No se sorprendan si un día ven carrilanas bajando a toda velocidad por Castrón Douro; son ellos, que maquinan recuperar juegos tradicionales. O la memoria histórica; han identificado ya a trece represaliados y ahora buscan a las mujeres que también sufrieron la dictadura en sus carnes.

Pero un paseo por Sar no puede terminar sin visitar la colegiata y hablar con su párroco, José Porto Buceta. Es de Portas, pero lleva más de 50 años al frente de una parroquia «que me acogió con gran cariño, como si fuese de aquí». Él trata de devolverlo llamando a la puerta de quien sea necesario para conseguir mejoras para el barrio. De hecho, recuerda que cuando llegó ni las carreteras estaban asfaltadas ni había luz en las calles. «Yo venía de una aldea pero en proporción estaba mejor que esto». Y no le importa si quien llama a su puerta es o no creyente: «La colegiata es un lugar de culto, pero también un lugar de convivencia. El sacerdote tiene que ser una persona abierta a creyentes y no creyentes, a amigos y enemigos». Es su religión y no le va mal; es una de las parroquias más activas de Santiago.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Un mundo casi rural que se codea con la urbe