De mínimos


Aestas alturas, lo que podemos pedir a los sucesivos proyectos de presupuestos -sean estatales, autonómicos o locales- es que, al menos, no nos sorprendan para mal y que las cifras que ponen sobre el papel, porque el papel lo aguanta todo, después se hagan realidad, que se ejecuten en tiempo y forma, cosa en la que no andan excesivamente finos, como ha tenido que admitir el gobierno local respecto a sus propias cuentas, y el estatal reconociéndolo por la vía de los hechos consumados de los grandes proyectos que se van demorando y eternizándose en los presupuestos año tras año. Los Orzamentos 2018 presentados el viernes por la Xunta no sorprenden ni para bien ni para mal: cumplen con los mínimos previstos. Infraestructuras en cuyos proyectos se ha avanzado últimamente están contemplados para alcanzar los objetivos temporales, parte de ellos con el horizonte del 2021 jacobeo, como la estación de buses de la intermodal o las mejoras de los Caminos en su encuentro con Santiago y el Monte do Gozo. Por supuesto, la Facultade de Medicina, cuyos cinco millones será difícil ejecutar en su totalidad el próximo año, o el vial de Aradas. Pero la Xunta sigue siendo cicatera con el Estatuto de Capitalidade, insuficientemente dotado con los repetitivos 2,3 millones; o con el Consorcio, aunque ahora su aportación de casi 2,7 millones resulte más manejable al pasar a gastos corrientes, y es que al organismo interadministrativo apenas le queda dinero para invertir en rehabilitación, su primer cometido. Solo una mínima -por testimonial importe- y relativa sorpresa: por fin se programa la conversión en autovía del corredor Brión-Noia.

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