«En nuestra generación hubo unas oportunidades que no se repitieron»

Echará de menos a los alumnos, pero su vida cambiará poco porque, dice, «el laboratorio lo llevo siempre puesto»


santiago / la voz

Su obra se estudiaba ya como un clásico en la Facultade de Filoloxía de Santiago hace treinta años; es miembro de la Real Academia Española, figura destacada del estructuralismo lingüístico y coordinador del área lingüística del Centro Ramón Piñeiro. Pero en agosto, tras 47 años menos un mes de docencia, se jubila. No echará de menos corregir exámenes, aunque sí a los alumnos, pero esa nostalgia espera desempolvársela en másteres y conferencias. Con todo, será difícil sustituir a uno de los mejores catedráticos de Lengua Española, aunque su sencillez le impida reconocerlo.

-No hubo, que se sepa, dos profesores de la USC juntos en la RAE como ocurre ahora con usted y Darío Villanueva. ¿Será difícil que se repita?

-Yo creo que no los hubo, pero son casualidades, aunque la casualidad también hay que trabajarla. En mi caso lo fue; estaba haciendo algo que a Lázaro Carreter y a Víctor García de la Concha les interesaba, y por eso me llamaron, para el corpus del español, que hasta entonces no se había hecho nada de eso.

-¿Será que, como dijo Carlos Pajares, la Facultade de Filoloxía de Santiago es de las mejores?

-Eso es relativo, lo que pasa es que Carlos Pajares nos quiere mucho. Hubo un momento en el que sí fue un punto importante en España, y seguimos teniendo un nivel muy aceptable, por lo tanto, si Pajares lo dice...

-Pero es que sus investigaciones y las de Villanueva ya se estudiaban en la facultad hace treinta años... Eso no ocurre ahora. ¿No queda un vacío difícil de llenar?

-Hay dos factores; mi generación, que es la de Luis Iglesias y Darío Villanueva, entró en la universidad alrededor de los 70, cuando estaba en plena expansión y empezaba a despertar del letargo del régimen de Franco. Empezamos a asomar la cabeza y ver lo que se hacía fuera; la Ley General de Educación también ayudó y Filosofía y Letras se escindió. Hubo muchos cambios, comenzamos a hacer una plantilla propia que te permitía que tus propios alumnos fuesen tus ayudantes. Aunque es verdad que eso dio lugar después a una cierta endogamia, también es cierto que las oportunidades que tuvo nuestra generación no se repitieron. Pasamos de ser 25 numerarios a que casi todo el mundo tuviese una plaza estable. Pero en los últimos años todo eso cambió; no es que las plantillas estuviesen congeladas, es que no hubo tasa de reposición. En nuestro departamento tenemos cinco profesores eméritos, dos nos jubilamos ahora, y los que quedan son también viejos. Eso te obliga a dar más clases y a tener menos tiempo para la investigación, y este es un trabajo raro en ese sentido, porque nos pagan por dar clases pero nos evalúan por la investigación. Solo dando clases no se gana una cátedra.

-¿No está el español desprestigiado incluso dentro de la propia USC, que echa mano del inglés aunque haya términos equivalentes en español?

-Eso debería cuidarse un poco más. Siempre se aceptaron palabras de fuera, pero el mundo de la tecnología está plagado de extranjerismos y no hacemos el esfuerzo de encontrar términos equivalentes. Muchos investigadores escriben directamente en inglés y hay que reconocerles esa necesidad, como en otras épocas fue el francés. No quiero que nadie se ofenda, pero hay un cierto papanatismo, parece que si eres un entrenador personal vas a cobrar menos que un coach.

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