Nuestras armas


El ambiente estaba demasiado caldeado ante la manifestación prookupa de anoche, y tenían mucho fundamento los temores a que la movilización no comunicada, y por tanto no autorizada, se saliera de madre. Los graves disturbios del 30 de mayo y la brecha institucional abierta a raíz de lo sucedido desde que comenzó el tapiado de la casa de la Algalia daban motivos sobrados para temer lo peor. Por lo acontecido hasta la hora de cierre de esta edición, podemos extraer una conclusión solo empañada por los buscalíos que campan a sus anchas y que decidieron darle un uso ilegal al viejo Peleteiro: el entendimiento entre las instituciones es la única garantía contra el caos. Hay que valorar el giro que ha dado Compostela Aberta al asumir el rol que le corresponde como sustento del gobierno municipal y no echar más leña al fuego. El no dar un apoyo explícito a la movilización y, sobre todo, el trabajo callado de estos días para tratar de que los prookupas se manifestasen sin provocaciones que pudieran derivar en otra batalla campal, indican que el grupo del alcalde ha crecido en madurez institucional. Su sitio no está con quienes montan la barricada, ni detrás de ella ni dándoles cobertura, que es lo que sucedió en la Algalia ante la estupefacción general de los ciudadanos, incluso muchos votantes de CA que temen ver convertida cada dos por tres su pacífica, acogedora, armoniosa ciudad en un campo de batalla de enmascarados. Anoche volvió a faltar la normalidad de las manifestaciones civilizadas y sobraron provocaciones, pero tampoco se desató la guerrilla urbana. No cabe otra estrategia que cumplir la ley y dejarles claro a los alborotadores que en Santiago no hay espacio para ellos.

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