El aeropuerto Rosalía de Castro se queda atascado en los despachos

Cuatro meses después de que el ministro de Fomento avalara la nueva identidad de la terminal, el cambio sigue sin concretarse

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x. m. cambeiro
santiago / la voz

Lavacolla sigue siendo Lavacolla. Y la única vinculación aérea de Rosalía de Castro viaja por Europa sobreimpresa en la librea de uno de los aviones de una aerolínea noruega de bajo coste que por ahora no opera en la terminal compostelana, Norwegian. Porque, cuatro meses después de que el Ministerio de Fomento diera su visto bueno al cambio de denominación del aeropuerto, el proceso para materializarlo permanece estancado. Ni el Concello, como administración de la que partió la propuesta, ni la Xunta, que la apoyó, tienen claro en qué tropiezan las gestiones. Eso sí, en Raxoi confirman que el pago de los costes de ejecutar ese cambio nominal todavía no se ha producido, y que tampoco nadie se lo ha reclamado.

Lo cierto es que la conversión de Lavacolla en el aeropuerto Rosalía de Castro, mediante la fórmula de añadir al nombre actual el de la insigne poetisa, se ha frenado después de superar la fase de la gestación del acuerdo político con una celeridad poco frecuente en el ámbito administrativo. La idea sembrada por el gobierno municipal de Santiago cosechó rápidamente el aplauso del resto de grupos municipales, pero también del Parlamento y de la propia Xunta, conscientes como eran todos los estamentos políticos del amplio apoyo entre las instituciones sociales y culturales. Fomento se dedicó de entrada a marear la perdiz, situando la decisión última en el ámbito de las autoridades internacionales en aviación civil. Aunque esa tibieza inicial del ministerio dio paso a la luz verde de su titular. Íñigo de la Serna aprovechó su primera reunión oficial con Feijoo para confirmar el cambio.

«Es bueno para Galicia y para el aeropuerto y para nuestras señas de identidad», agradeció el presidente de la Xunta. Por su parte, el ministro proclamó: «Estamos en disposición de iniciar los trámites para darle esa nueva denominación». Cuatro meses después de aquella reunión, nadie parece haber recibido comunicación alguna al respecto.

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