Seguros


Calificar a Santiago como ciudad idílica desde el punto de vista de la seguridad sería un exceso, aunque sus índices de criminalidad la sitúan cerca de ese adjetivo. Todo es subjetivo y la inseguridad entiende poco de certezas y mucho de sensaciones. Si usted ha sido víctima de un robo, por nimio que sea, o de una agresión, seguro que discrepará de este análisis, pero a tenor de los fríos datos estadísticos, no cabe sacar otra conclusión: la ciudad es segura. ¿Lo es menos porque, siguiendo la tendencia contraria del conjunto de Galicia, se han disparado los robos con violencia en las viviendas? No. Hay que considerar la, pese a todo, baja incidencia de esta práctica delictiva, con 25 casos en el primer trimestre de este año, 9 más que en el mismo período del pasado. Claro, en términos porcentuales significa un alarmante 56 % más. Algo similar se podría decir de los robos con fuerza en establecimientos, que han pasado de 26 a 34, otro llamativo 31 %. Estos incrementos no manchan la, en general, muy presentable hoja de servicios de la seguridad en Compostela. Es una constante para sentirse satisfechos, más todavía, orgullosos, por cuanto este es uno de los síntomas de una sociedad con buenos índices de calidad de vida. Sin embargo, no hay que bajar la guardia y es fundamental que las fuerzas de seguridad cuenten con los medios humanos y materiales adecuados. El elevadísimo número de vacantes en la plantilla de la policía nacional de la ciudad -54 reconocidas por Interior, 65 según el SUP- se está convirtiendo en un problema enquistado. Y Santiago, ciudad turística y con las exigencias propias de una capital administrativa, no puede permitírselo.

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