Caminando bajo la sombra de los abuelos

Vecinos, caminantes y peregrinos han comprendido el gran valor de la estampa ancestral de la carballeira


Cambiar de piñón es una práctica muy saludable cuando nuestra cabeza pedalea incesantemente por vías conscientes e inconscientes. Los montes y sus pendientes forman parte de la mochila que cargamos, mientras que en las planicies y sus rectas nos recreamos con facilidad. La variedad es una de las mayores riquezas que nos rodean. Siempre en movimiento, queremos capturarla y comprenderla en los libros, las fotografías, la danza o tarareando, dejándonos arrastrar por las redes de su brisa.

Los carballos de San Lourenzo han ofrecido su sombra durante siglos. Vecinos, caminantes y peregrinos han comprendido el gran valor de su estampa ancestral, erguidos, entrelazando sus ramas; algunos anudados y otros desvanecidos por el tiempo. La carballeira, anexa al pazo de San Lourenzo de Trasouto, está situada junto al Campus Sur, a escasos metros de la piscina universitaria y del Monte da Condesa, en una zona tranquila, próxima a las aguas del río Sarela. Sus decenas de árboles parlamentan día tras día, en una incesante conversación alrededor del tiempo, las personas y el suelo del que brotaron. Las personas formamos parte de esa tierra; aunque nuestras raíces sean ficticias, existen en nuestro interior.

Esta joya, junto al antiguo convento que albergó a frailes franciscanos en su retiro espiritual hasta la desamortización, fue donada por el conde de Moscoso al ayuntamiento en el siglo XVI. En el XIX no pocos fueron los pulsos que los duques de Medina Sidonia mantuvieron con el gobierno local por los caminos vecinales, la carretera o por la propiedad de la propia carballeira. Aquí se levantan dos edificios singulares para el barrio, su Asociación de Veciños y el Centro Integral da Muller.

Ana Suárez, viguesa de nacimiento, lleva viviendo en la ciudad desde hace seis años y se ha trasladado a San Lourenzo buscando un lugar tranquilo donde vivir: «Es como un pueblecito donde las traseras de las casas disponen de huertas para el cultivo. Son lugares poco valorados por nuestras costumbres urbanitas».

El Camiño de Fisterra cruza la espesura, guiándonos hacia los confines de Compostela en lo que se antoja uno de los más bellos tramos que contiene el territorio de Santiago. Aquellos viajeros que contemplen la Praza do Obradoiro como un final, podrán notar que cada recodo, cuesta o cumbre tienen lectura y que, en el caso de San Lourenzo, otras metas siempre aparecerán. «La edad nos condiciona de forma diferente cuando vivimos en el centro o en los alrededores. Santiago se encuentra en un punto intermedio porque todo está más o menos cerca».

Ante el viejo y poderoso muro imaginamos que esas prohibidas tierras invisibles son la continuación del camino cercenado.

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