Medusas en la San Silvestre

La competición y el ingenio corrieron de la mano en la última cita deportiva del año en Compostela


santiago / la voz

¿Pueden correr las medusas? ¿Es posible ver un pitufo con un iPhone adosado al brazo? ¿Son compatibles las hordas con la simpatía? Quienes disputasen la San Silvestre de Santiago 2016 o simplemente se hubiesen acercado a media tarde a la Praza do Obradoiro para despedir el año responderán que sí, que todo eso es factible y mucho más, porque los participantes derrochan simpatía e ingenio en una carrera tan social como competitiva.

No había más que ver la línea de salida para calibrar quienes acudieron a la cita pensando en hacer un buen tiempo y quienes lo hicieron para paladear sin prisas los algo más de cinco kilómetros del trazado, sin preocuparse por la clasificación. En este último capítulo entraba un amplio contingente de familias que disfrutan del asfalto como de la buena mesa o una película en el cine, en compañía.

Pero también hay familias que disfrutan competiendo. Así lo atestigua el podio femenino, con Raquel Suárez en lo más alto del cajón y con su madre, Esther Pedrosa, en el tercer peldaño.

En el cuadro masculino, Pedro Nimo pisó el acelerador y nadie le siguió el ritmo. Llegó sin aparente desgaste. Al fin y al cabo lo más duro estaba en el estreno del nuevo año, con un entrenamiento de cuarenta kilómetros.

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