Ciencia o religión, el eterno debate

Las Regueifas de la USC cerraron su primera edición con una de los dilemas más antiguos de la humanidad


santiago / la voz

¿Puede la ciencia por sí sola explicarlo todo? ¿Un mayor progreso científico implica el declive de la religión? ¿Pueden los científicos ser creyentes? ¿Es la ciencia una nueva religión en sí misma? Estas son algunas de las preguntas que se plantearon en la tarde de ayer en el salón de actos de la Facultade de Ciencias da Información, donde se celebró la última sesión de la primera edición de las Regueifas de Ciencia, una iniciativa de la Universidade de Santiago que contó con la financiación de Fecyt y que se descubrió como una de las propuestas más originales y exitosas de la USC, con la organización de debates con posturas contrapuestas que tanto se inspiran en el modelo de la discusión anglosajona como en el tradicional esquema gallego de las regueifas, de ahí su nombre.

En esta última edición se debatió el eterno conflicto entre la ciencia y la religión, o lo que es lo mismo, entre la validez del método científico para explicarlo todo o la constatación de que el hombre necesita también de la fe para darle sentido a su vida. Como es habitual, la sesión contó con cuatro invitados que se posicionaron a favor o en contra de la tesis principal. En defensa de la ciencia acudieron el doctor en Biología y exrector de la Universidad del País Vasco Juan Antonio Pérez Iglesias, Iñako, y el periodista y divulgador científico Antonio Martínez Ron. En defensa de la religión, o más bien de la espiritualidad, lo hicieron el escritor Fernando Sánchez Dragó y el físico y teólogo Emili Marlés, que también es sacerdote.

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