La familia de la examante del gallego acusado por el crimen de Cálig asegura que él la acosaba

Describen a Isauro López, que está siendo juzgado por la muerte de Yalennys Valero y su amigo Juan Manuel Mata, como un «celoso obsesivo-compulsivo» que incluso «colocó micrófonos en la vivienda»


santiago / la voz

Acosada y vigilada las 24 horas del día. Así es como, según su familia, se sentía Yalennys Valero antes de ser asesinada. Ese férreo control lo ejercía, según las hermanas y la madre de la joven cubana de 23 años, su examante, el constructor compostelano Isauro López, que ayer asistió en la Audiencia Provincial de Castellón a la segunda jornada del juicio abierto contra él por ordenar presuntamente el crimen de la chica, que murió a manos de un sicario el 12 de junio del 2005 en la localidad levantina de Cálig, en la que residía. Aquel día también perdió la vida un amigo de la víctima, Juan Manuel Mata. El empresario gallego está acusado de inducción al asesinato y allanamiento de morada y el fiscal pide para él 52 años de cárcel.

Una hermana de Yalennys Valero describió a Isauro López como un «celoso obsesivo-compulsivo» que incluso «colocó micrófonos en la vivienda» en la que vivían y que grababa sus conversaciones telefónicas, algo que nunca denunciaron porque, según explicó, tenían miedo de las influencias del empresario tanto en Cuba como en España. «Mi hermana tenía miedo de que la matara», añadió la testigo, que aseguró que tras una discusión entre la joven y el acusado les dijo que la chica acabaría «muerta, tirada en un barranco y prostituida».

Según señaló, los problemas en la relación entre su hermana e Isauro López surgieron cuando ellas empezaron a salir por las noches, ya que al constructor compostelano -dijo- le molestaba que su por entonces amante conociera a otros hombres. Afirmó que el empresario llegó incluso a obligar a Valero a mantener relaciones sexuales con él.

En la primera jornada de este juicio, celebrada el pasado viernes, Isauro López negó que ordenara el asesinato de su examante. Se reconoció como «un golfo», porque pese a estar casado mantenía relaciones sexuales con la joven cubana y con otra mujer con la que llegó a tener un hijo, pero negó ser un criminal. En el banquillo de los acusados también se sienta Manuel Antonio Mas Julián, el hombre al que supuestamente el empresario gallego encargó el crimen, que también se enfrenta a 52 años de prisión. Por este caso fue condenado a 44 años de cárcel en el 2008 un tercer hombre, Emilio Pérez Rivera, por ser quien ejecutó el asesinato. Ayer declaró como testigo y negó la responsabilidad de los dos acusados.

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