«No se vende lo que no se tiene»

Rafael Silva, fundador de la librería compostelana Follas Novas, dice que lo importante es ser humilde, pero le traiciona su orgullo de librero


santiago / LA VOZ

Tiene una voz sedosa y una conversación inagotable. En medio de los miles de libros estibados por los tres pisos que ocupa la librería Follas Novas, un fascinante establecimiento prácticamente único en Galicia, Rafael Silva (Silleda, 1943) es capaz de contar todo tipo de anécdotas y de conducir la conversación a su antojo. Eso sí, aunque está jubilado, no se le olvida que una librería es un negocio.

-¿Cuándo fundó la librería?

-En 1971. Recuerdo que a la inauguración asistieron don Ramón Baltar, Ramón Piñeiro, García-Sabell y el padre de Beiras.

-¿Y por qué una librería?

-Bueno, de aquella las que había en Santiago estaban muy ancladas y, a partir del 68, empezaban a aparecer otro tipo de libros. Libros marxistas. Con aquellos libros hicimos mucho dinero, porque solo los vendíamos nosotros.

-¿Y les dejaban?

-Sí. Tuvimos algún problema con libros galleguistas que traíamos de Buenos Aires. Una vez nos pusieron una multa de 200.000 pesetas, que entonces era mucho dinero.

-Las librerías están de capa caída. Como esta quedan pocas.

-Bueno yo creo que, al menos para una, hay hueco. Aquí, la verdad es que tenemos problemas para meter los libros y es cierto que viene gente de todo el mundo y algunos nos preguntan que cómo aguantamos. Y le diré que esta navidad hemos vuelto a remontar. No se puede decir que el mercado se dispare, pero han vuelto los picos de venta. Además, siempre hay un lector para cualquier libro. Aquí, recuerdo, tuvimos un libro sobre las cuevas de Altamira durante años y años. Estaba a punto de llevarlo al almacén y, un día, entró un señor y lo compró. No se vende lo que no se tiene. Y, por cierto, he leído por ahí que el libro digital, por primera vez, vende algo menos.

-¿Ha utilizado alguno?

-Mmm. Bueno, alguna vez. Es un mundo nuevo, no cabe duda. Y genera interés entre los jóvenes. Yo creo que se podrá compaginar, como lo hicieron la radio y la televisión. Cada cosa tiene su hueco.

-Por aquí habrá pasado gente muy importante. ¿Alguno le dejó una huella especial?

-Muchos. Aquí estuvo Camilo José Cela, Torrente Ballester... Pero quien me dejó un poso quizá fuera Eduardo Galeano. Lo vi muy sencillo y muy humano. Contestó a todo el mundo, me dejó un gran recuerdo.

-¿Alguna vez leyó algún libro para luego lamentar haberlo hecho?

-No. Nunca. Los leí, eso sí, ciertamente inútiles, pero todo libro tiene siempre algo positivo. También le diré que, a cierta edad, ya se tiene un olfato para detectar qué libro nos gustará y qué libro no,

-Así que, aunque jubilado, se pasa el día por aquí.

-Tampoco sé hacer otra cosa. Me gusta el ambiente de la librería. Unos te cuentan una cosa, otros lo contrario. Por aquí viene todo tipo de gente.

-¿Tiene alguna librería favorita entre las que ha visitado?

-No sabría decir... Alguna en Buenos Aires me llamó la atención. Y en Londres, claro. Esta la copié de una que había en la Gran Vía y de otra que estaba en la calle Balmes de Barcelona.

-Y para usted ¿qué es lo más importante en la vida?

-Ser una buena persona y tener una gran cultura, porque eso te proporciona humildad, que es lo que te abre la puerta de todos los sitios.

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