Dos caras alegres debajo de la arena de la playa de Rebordelo

La ciclogénesis dejó al descubierto en una piedra dos grabados graciosos que llevaban decenios cubiertos

Los curiosos grabados.
Los curiosos grabados.

carballo / la voz

Ocurrió el sábado por la tarde. Dos niñas gemelas jugaban junto a unas piedras en la pequeña playa de Rebordelo (Canduas-Cabana) y de repente se encontraron un grabado en una de las rocas. Aparentemente, la representación esquematizada (unos garabatos reconocibles) de un chico y una chica. Nada extraordinario: no es que abunden o se vean todos los días en todas las playas, pero no es nada del otro mundo ver que un cantero o cualquiera que tenga martillo y cincel decidan dejar su huella. Y no para pasar a la posteridad con algo extraordinario o imitando unos petroglifos (que de todo hay), sino para algo gracioso.

No obstante, llevadas por la curiosidad, avisaron a un usuario habitual de la playa, el físico Jorge Mira. Su primera impresión fue que, en efecto, es la típica obra de un chistoso, que además aprovecha la iconografía de los smileys (caras redondas con sonrisa, muy populares ya en los setenta). Pero con dos matices. El primero, que se trata de piedras que hasta hace poco no se podían ver. Llevan décadas sepultadas por la arena. Si ahora es posible se debe a las ciclogénesis del invierno, que alteraron notablemente la playa. Mira se basa en su experiencia de veinte años de usuario frecuente pero, para solventar dudas, consultó con otro bañista que lleva más de 40 años, quien fue el que le confirmó que esas piedras están tapadas «de sempre». Y, además de sepultadas, en una zona que con la marea alta siempre quedan bajo el agua, y de un acceso no muy habitual: se encuentran al fondo a la derecha, hacia Cabana (y no hacia la parte de Laxe). Así que el que lo hizo, aparentemente, se tomó sus molestias y hace muchos años.

Por la curiosidad, Mira contactó con Ramón Fábregas, catedrático de Prehistoria de la USC, el descubridor de los restos humanos más antiguos de Galicia, gran experto en petroglifos (entre otros temas. Coincide en la obra de algún simpático. Matiza que siempre es complicado evaluar un grabado en granito a partir de una foto. «O gran da rocha, combinado coa luz, pode facer ver cousas que na realidade, co ollo nú, non existen», dijo. Por otro lado, de no ser por los smileys, los otros grabados sí podrían ser obra de canteros.

Fábregas, a su vez, reenvió la foto de los grabados a Carlos Rodríguez Rellán, de Anos-Cabana, doctor en Historia, becado Fullbright en Arizona, y coautor, con Fábregas, de un libro sobre los petroglifos de Porto do Son. Tras advertir de que siempre es peligroso evaluar sobre estos temas solo con una foto, explica que el tipo de figuras, «así como o suco (estreito e profundo) evidencia que se trata duns motivos que probablemente foron gravados con ferramenta metálica, a diferenza do que cabería esperar de gravados de cronoloxía prehistórica».

El nivel de desgaste de los grabados puede tener al menos dos explicaciones. Una, «bastante remota», una cierta antigüedad de las inscripciones. Otra, una rápida meteorización debido a la rápida acción conjunta de agua, sal y arena, que hubiese deteriorado muy rápidamente la superficie de la roca y las líneas, dándole así «unha pátina de antigüidade». Es decir, que podría ser más reciente de lo que su aspecto revela.

Por otra parte, Pablo Sanmartín, archivero e historiador, miembro del colectivo A Rula, que se dedica a investigar petroglifos, es de la misma opinión sobre estos «gravados modernos».

En otras palabras, que el catálogo de petroglifos de la zona se queda como está. Y que, hace años, a saber cuántos, algún vecino con tiempo libre y mucho humor se decidó a pulir un granito que ahora despierta.

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