El gran pozo de nieve de Monforte es único en Galicia

Los expertos afirman que es una construcción de extraordinario valor


MONFORTE / LA VOZ

Si la bodega monumental localizada hace escasos meses en el monte de Piñeira fue en su origen un pozo de nieve -y los expertos están convencidos de que sucedió así-, constituye un caso excepcional en Galicia por sus dimensiones y tipología. «Estamos ante una construcción única por la estructura de nave abovedada y por su tamaño. Lo habitual es que sean pozos de tipo redondo o rectangular», explica Andrés Sampedro, autor de uno de los estudios más exhaustivos sobre el aprovechamiento y comercio histórico de la nieve en Galicia. El escritor e investigador catalogó hasta la fecha sesenta obras de estas características repartidas por la geografía gallega, algunas de ellas situadas en el ámbito territorial de la Ribeira Sacra. La nevera del siglo XVII descubierta en Monforte engrosará la lista que se publicará próximamente en forma de libro.

«Sabía por la documentación de la época que los condes de Lemos tenían su nevera para autoconsumo y venta de hielo, pero no disponía de referencias sobre su ubicación», señala Sampedro. Las características de la excavación realizada en el monte y los documentos recopilados por la historiadora Manuela Sáez no dejan, a su juicio, mucho margen de duda sobre el uso originario de esta edificación. Su carácter «atípico» reforzaría la hipótesis de que fue encargada a algún experto foráneo en este tipo de construcciones. «Es una tipología muy extraña en Galicia. Hay algunas cosas parecidas en La Rioja y Teruel, pero a diferencia de lo que apareció en Monforte suelen tener un pozo bajo tierra», apunta el investigador.

Gran similitud

La construcción de Piñeira es casi idéntica a un pozo de nieve que recoge una de las ilustraciones del trabajo de Pedro Ayuso Vivar sobre Pozos de nieve y hielo del Alto Aragón. En este dibujo antiguo se ve a unos trabajadores descargando nieve sobre una tarima de madera que cubre la solera, que al igual que en la cavidad localizada en Monforte parece que se asienta sobre la roca. «La estructura de madera -opina Sampedro- se extendería a lo largo de todo el pozo e irían apilando sobre ella distintas capas de nieve separadas probablemente por paja».

Este especialista, autor del trabajo Una aproximación al mundo de la nieve en Galicia, tenía constancia documental de la existencia de pozos en Monforte y Meira, pero en ninguno de los casos había encontrado indicios de su ubicación. Sobre el que se excavó en el monte de Piñeira, considera que sería importante verificar si la cavidad con la que está comunicado tuvo el mismo uso. «Si es así, estaríamos ante una gran infraestructura de enorme valor», destaca. Uno de los objetivos del libro que prepara es, precisamente, llamar la atención sobre la necesidad de proteger estas construcciones. «Mi idea es trabajar por la declaración de bien de interés cultural para estos monumentos singulares. De todos los que encontré, solo hay uno protegido en Cualedro, en el que se realizó una excavación arqueológica. En los de Serra da Meda se hizo una pequeña actuación para su puesta en valor», precisa Sampedro. La ausencia de protección, según indica, «provocó que se destruyese prácticamente la gran nevera que abastecía a la ciudad de Santiago, cuando se amplió la calzada de la carretera de A Coruña». Se conserva aún, sin embargo, el que suministraba al cabildo compostelano, aunque actualmente se encuentra tapiado.

Precio tasado

En la época en la que se levantó el pozo de nieve de Monforte, a comienzos del siglo XVII, casi todos los monasterios disponían de este tipo de construcciones. El hielo se destinaba a la conservación de alimentos, a fines medicinales y a la elaboración de helados. Su venta a los que podían permitirse este lujo se realizaba a un precio tasado. «Aunque en esta actividad influyeron factores socioeconómicos, lo más determinante fue la coincidencia con la Pequeña Edad Glacial, que hizo que nevase en mayor cantidad y en sitios donde antes no cuajaba». El gran desembolso que suponía la fabricación de hielo explicaría que el pozo de nieve de Piñeira se reciclase como bodega cuando las posesiones de esta parroquia dejaron de pertenecer a la Casa de Lemos.

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