Reuven Bar-on: «La frustración laboral termina pasando factura al ámbito privado

Considerado uno de los padres de la inteligencia emocional, esta semana estuvo en Galicia, donde impartió unas sesiones formativas sobre gestión del talento en la fundación Barrié y una conferencia en la USC


Resulta sorprendente pensar que hace apenas quince años la inteligencia emocional, tan de moda actualmente, fuese una total desconocida. Fue gracias al superventas de Daniel Goldman y a las aportaciones de pioneros como Reuven Bar-On por lo que terminó convirtiéndose en una de las claves del pensamiento y el comportamiento de la sociedad moderna.

-¿Cómo se desarrolla la inteligencia emocional?

-Lo primero es entenderse a uno mismo, cómo te sientes, y saber expresar estos sentimientos. Y después, debemos saber relacionarnos con otras personas. Es fundamental saber controlar las emociones, hacer que trabajen para uno mismo, y no en nuestra contra. Porque es habitual que la gente padezca cortocircuitos emocionales, que sus emociones se vuelvan contra él.

-Controlar las emociones, que no reprimirlas.

-Exacto, no es lo mismo controlar una emoción que esconderla. Las emociones hay que expresarlas, pero de modo constructivo. En determinadas culturas se incita a ocultar las emociones. Es una constante en sociedades muy cerradas, como la japonesa. Pero incluso ahí estoy notando una apertura. No sé si es gracias a la inteligencia emocional o si es simple evolución, pero es así.

-Pero seguimos llenos de malos hábitos

-Lo peor es estar emocionalmente secuestrado. Eso ocurre cuando te conviertes en tu propio enemigo. Y el origen suele se un control de emociones pobre. Tienes que saber expresar de modo apropiado tus opiniones, lo que no te gusta de la empresa en la que trabajas, lo que creas que puede mejorarse, pero de modo constructivo. Mucha gente explota, no sabe manejar la situación, lo que termina costándole el puesto de trabajo.

-Se habla mucho de la felicidad en el trabajo.

-Estoy convencido de que hay gente que es muy feliz en casa y en su vida privada, pero que cuando llega al trabajo no siente interés, que está ahí por razones puramente económicas. Y eso es muy triste. Porque es inevitable que una cosa afecte a la otra. La frustración laboral termina pasando factura al ámbito doméstico.

-¿Y cómo podemos ser felices en el trabajo?

-No hay una pastilla que te haga feliz de inmediato. Pero si encuentras el sentido a tu trabajo, da igual lo que hagas: si sientes que eres útil, serás feliz. Cuando un investigador cree que está haciendo algo que va a repercutir en el bien común, encuentra el secreto de la felicidad en el trabajo.

-Hay trabajos en los que costará más encontrar esa utilidad.

-No necesariamente. Si eres barrendero, pues imagínate cómo estaría la ciudad sin tu trabajo.

-Algo influirá el factor económico.

-Hemos realizado estudios sobre la relación entre felicidad y el nivel de ingresos y a partir de cierto salario no existe correlación entre ambos factores. ¿Qué quieres? ¿Comprarte otro coche? ¿Pero cuántos coches puedes conducir a la vez? Hay un nivel básico, poder mantener a la familia, poner comida en la mesa y dar educación a tus hijos. Pero a partir de ahí, es solo dinero, y eso no tiene nada que ver con la felicidad.

-¿Puede la empresa ayudar a proporcionar esa felicidad?

-Ser feliz es responsabilidad de cada uno, pero los cargos directivos tienen que contagiar optimismo. Un jefe amargado termina amargando a toda la empresa, lo que hace que se resienta la productividad. Todo se contagia.

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