Los niños fueron los reyes de una gran fiesta desenchufada

La convocatoria de La Voz recuperó el espíritu del juego tradicional


SANTIAGO / LA VOZ

La fiesta infantil que, por cuarto año consecutivo organizaron conjuntamente La Voz de Galicia y Área Central, bien podría empezar a llamarse «la fiesta desenchufada». Porque no hace falta tener delante una pantalla para pasárselo en grande un sábado por la tarde.

La jornada, que contó con la asistencia de más de 12.000 personas, recuperó el espíritu del juego en familia, de esas tardes en las que un palo, un tirachinas y la imaginación eran suficientes para convertirse en el más valiente de los aventureros.

La fiesta se estructuró sobre dos ejes principales: el lúdico y el formativo. Las colas eran largas, a eso de las seis de la tarde, delante de los talleres de prensa, radio, televisión y humor gráfico que se montaron, como todo lo demás, en la plaza de Europa. Los chavales -y los mayores- salían felices y radiantes con portadas de La Voz de Galicia en las que ningún ministro era el protagonista, como tampoco la crisis o las desgracias. El protagonismo informativo lo acaparaban los propios niños, que también hicieron sus pinitos frente a los micrófonos de Radio Voz o en el plató de V Televisión. Juan Carlos Abraldes, uno de los mejores caricaturistas de la prensa gallega, adiestró a los más pequeños en el difícil arte de captar, con solo unos trazos, el espíritu de un personaje.

Nadie salía ayer de Área Central sin su regalo: una bolsa con La Voz del día, una película en deuvedé y un álbum de la Liga. «Pero, lo mejor -decía Celia- fue ir al cine a ver la película Ice Age 4. Ya la había visto, pero repetí». Y, como ella, más de 300 niños que llenaron la sala 4 de Cinesa.

Los monitores de globoflexia y maquillaje del equipo Brétema, con Juanón al frente, enseñaron sus secretos a los chavales. Y ellos, bien pintados, corrían a la cola del taller de prensa para retratarse en la portada del periódico.

Todo lo que se mueve siempre tiene mucho tirón. Y por eso no fueron pocos los que hicieron cola en la pista de triciclos a pedales y junto al circuito de tráfico, movido también por la energía más ecológica que existe: las piernas.

En las pistas hinchables de vóley, fútbol y baloncesto se celebraron tremendas y reñidas competiciones, mientras los más atrevidos se convertían en escaladores de altura en el rocódromo. El elefante, un larguísimo túnel, un castillo, todo hinchable y blandito, fueron también ejes importantes de este parque de atracciones de un día.

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