Regalos de la franja caliza de Ancares

La comarca alberga cuevas, fósiles y árboles raros por la veta calcarea


becerreá

Entre los suelos de cuarcitas, esquistos y pizarras que predominan en la montaña, una extraña veta caliza se cuela en los concellos de Os Ancares. Procedente del norte de la provincia traza un rumbo sureste, cruza Becerreá y As Nogais, toca las zonas limítrofes de Cervantes y muere en Pedrafita do Cebreiro. En geología se la conoce como caliza de Vegadeo y es de las pocas que existen en nuestra comunidad, donde los afloramientos calcáreos se reducen a un 5%.

Pero al margen de lo extraordinario de la presencia de las calizas en sí, a su paso dejan el paisaje de modelado kárstico de Os Grobos (Becerreá) y especies vegetales más propias de otras regiones, como el haya y la encina. Pero el legado calcáreo se ha enriquecido en los últimos años con el descubrimiento de los yacimientos arqueológicos de Valdavara (Becerreá).

Cuevas con historia y fósiles

La poca acidez que este tipo de roca aporta a los suelos ha permitido la conservación de fósiles paleolíticos. Hasta el momento los más antiguos han sido datados en 14.000 años, y las investigaciones en las cuevas de Valdavara, junto con las de Eirós (Triacastela), están abriendo nuevos derroteros en el estudio de la Prehistoria de Galicia.

El corazón de la veta caliza está en Becerreá. Concretamente en el entorno de Cruzul, Morcelle, Horta y A Agüeira la roca aflora y deja sus principales regalos naturales. Así, sobre el suelo predominantemente calizo de Cruzul se extienden cuatro hectáreas de encinas. El manto verde oscuro del aciñeiral tapiza todo el año ambas orillas del río, principalmente por encima de la carretera que parte hacia la aldea de Ousón. Estas encinas, primas de los carballos y las rebolas, son las únicas en la comarca ancaresa y están protegidas dentro de la Red Natura.

Junto al aciñeiral, haciendo un guiño a la historia, el puente de Cruzul, promovido por Carlos III, exhibe sillares calizos obtenidos probablemente de la zona. A unos cientos de metros se encuentran precintadas las cuevas de Valdavara, que desde el 2006 acogen en verano investigaciones arqueológicas promovidas por la Universidade de Santiago.

Desde el puente de Carlos III, siguiendo tres kilómetros hacia Madrid la carretera nacional más antigua, se llega a Agüeira, donde puede visitarse el paisaje de modelado kárstico de Os Grobos. Kárstico viene de Karst, la región eslovena que da nombre al sinónimo de calizo y donde están las cuevas más grandes del mundo. El tapizado de musgo sobre los bloques calcáreos de formas singulares y el bosque de castaños centenarios hacen de la ciudad encantada de Becerreá un paraje que sorprende.

Hayedos excepcionales

La franja caliza sale de Becerreá y puede seguirse en As Nogais, Cervantes y Pedrafita, visitando algunos hayedos excepcionales que son los más occidentales del continente. A Marronda, en Baleira, o el hayedo de A Pintinidoira, de 2.5 hectáreas, son buenos lugares para identificar esta especie.

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