Cara y cruz en los dos concellos que deben cambiar de alcalde en junio por el pacto de investidura

La rotación en Salceda de Caselas se hará «con normalidade», pero el acuerdo alcanzado en Santa Comba saltó por los aires

David Barbeira, actual alcalde de Santa Comba
David Barbeira, actual alcalde de Santa Comba

SANTIAGO / LA VOZ

Salceda de Caselas es la cara y, Santa Comba, la cruz. En el gobierno local del primer municipio impera la concordia y, en el segundo, saltan chispas con cada decisión. En ambos casos se alcanzaron fórmulas rotatorias de gobierno en el 2019, así que los dos deberán cambiar de alcalde y de color político dentro de tres meses. El relevo se llevará a cabo en Salceda «con total normalidade», apuntan desde el gobierno local, pero no está nada claro que vaya a ocurrir lo mismo en Santa Comba, donde las relaciones entre los llamados a traspasar el bastón de mando, el alcalde y el teniente de alcalde, están «completamente rotas».

Salceda y Santa Comba tienen en común que cuentan con regidores de una formación independiente -Movemento Salceda, en el primer caso, y Compromiso por Santa Comba, en el segundo-, y también que en ambos hay un concejal socialista en capilla contando los días para convertirse en alcalde. Y aunque el acuerdo de rotación del 2019 es muy similar en los dos casos, no tienen ni por asomo los mismos boletos para lograr su propósito.

Salceda de Caselas es un municipio de poco más de 9.000 habitantes donde el BNG logró en el 2007 poner fin a tres décadas de gobiernos populares. Las horas bajas vividas por el Bloque tras la asamblea de Amio del 2012 tuvo efectos en este municipio, donde los ediles nacionalistas crearon el Movemento Salceda, que en el 2019, tras una apreciable pérdida de apoyo electoral, cambió de líder para convertir a Loli Castiñeira en la primera alcaldesa de su historia mediante el pacto rotatorio con el PSdeG

Dos fuerzas, un equipo

«Somos dúas forzas distintas, pero un só equipo de traballo», resume la socialista Verónica Tourón, que da por hecho que en junio se convertirá en alcaldesa, previa dimisión de Castiñeira, porque ambas asumieron la cultura del pacto sin que trascendiera ni un solo conflicto. «E seguiremos traballando igual, levando as mesmas áreas, porque ata o de agora a experiencia de goberno foi moi positiva», añade Tourón.

Esa cooperación contrasta con el infierno político que vive el alcalde de Santa Comba, David Barbeira, que además es el único edil de su formación. Formó gobierno con los seis concejales del PSdeG, liderados por José Antonio Ucha, pero el propio regidor admite que es «moi difícil» sacar adelante la gestión diaria debido a la falta de colaboración de su socio.

Las relaciones entre el alcalde y el teniente de alcalde están rotas, hasta el punto que le hace más oposición una parte a la otra del gobierno que el propio PP, que observa atónito el desgobierno municipal. ¿Habrá entonces rotación? Barbeira esquiva la pregunta encogiéndose de hombros y asegurando que, ahora mismo, está «centrado no covid, en aprobar unha segunda liña de axudas» para los afectados.

En junio se verá el desenlace, pero las desavenencias entre antiguos socios no permiten pensar en un relevo fácil, ni tampoco garantizar de antemano el éxito de una fórmula de gobierno que cada vez se abre más camino en Galicia. El precedente más inmediato es el de A Rúa, donde BNG y PSOE rotaron en la alcaldía por períodos de dos años, si bien esa cabriola acabó sirviéndole en el 2019 la alcaldía al PP.

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