Una semana entre siete colegios y casi 200 kilómetros de esfuerzo extra

Docentes con plaza itinerante reparten sus horas según las necesidades de los centros


La Voz

Alejandro Gorgal se refiere a su coche como «el de los locos». En su maletero, siempre hasta arriba, guarda dos maletas: la de las lenguas y la de las mates. Gorgal es profesor de pedagogía terapéutica en las siete escuelas unitarias que comprenden el centro escolar agrupado de Coristanco, Santa Comba y Lañas. Cada semana, la distancia que recorre de un colegio a otro nunca es inferior a los 200 kilómetros. Y en algunas jornadas, como las de los martes y jueves, el docente de 28 años acude a tres escuelas diferentes. «De nove a once da mañá estou en San Cristovo e logo marcho para Lañas, en A Baña. Alí imparto unha clase de tan só unha hora e xa ás doce e media chego a Santa Comba para comezar outra», explica con la facilidad de recordar una rutina habitual para él.

Y es que hay vocaciones a las que resulta imposible silenciar, y la de Alejandro Gorgal, la que siente por la docencia, se intuye en el primer minuto de conversación. Se convirtió en una realidad con tan solo 24 años, cuando consiguió plaza en el CEIP de Santa Comba. Ahora, su día a día rueda sobre el refuerzo que proporciona a los alumnos de 3 a 7 años de estas escuelas con necesidades específicas. «Trátase dun reforzo dos contidos que teñen que ver coa súa aula ordinaria. Por exemplo, problemas no recoñecemento de letras ou dificultades no eido das matemáticas», indica Gorgal. Acude todas las semanas a todos los centros, y el tiempo que pasa en cada uno de ellos se distribuye en función de las necesidades de los niños en cada momento.

Una situación similar vive Nuria Álvarez, profesora de audición y lenguaje con plaza definitiva itinerante. Su centro base está en Meira, donde pasa tres de los cinco días de la semana, pero se desplaza también a Pol, al CEIP Rosalía de Castro. Álvarez representa esa mano amiga que presta apoyo a niños con dificultades de articulación en el habla, trastornos del desarrollo o problemas a la hora de hablar y escuchar. «Concentro esos dos colegios porque hay necesidades en ambos sitios y no se considera necesario que esté a tiempo completo en mi centro base», explica, pero es una situación que puede cambiar en cualquier momento. Porque estas plazas se adaptan a las necesidades de los tiempos.

Lo que para unos podría resultar un inconveniente, los kilómetros semanales, para Gorgal y Álvarez tan solo es un pequeño esfuerzo. Ven muchas ventajas en ello. «Yo estoy contenta, mucho. Rompes con la rutina, la semana se pasa volando, conoces otras realidades de centros y otros problemas de alumnos diferentes», comenta Nuria Álvarez. Aprendizaje y beneficio, agrega.

Un entorno rural

Los dos desempeñan su labor como docentes en colegios de localidades rurales. Y es justo ahí donde Gorgal, siempre que pueda, quiere continuar impartiendo sus clases. «Se sigo no mesmo sitio estarei encantado. Gústame moito o rural, creo que o trato é moi diferente ao das cidades. Hai máis proximidade á hora de traballar con eles», explica. También en esa franja de edad, de los tres a los siete años (todo Infantil y 1.º y 2.º de Primaria): «Motívame moito. Aí teñen a vontade de aprender cousas novas».

No son los únicos profesores itinerantes de sus centros. En el caso de las escuelas unitarias de Coristanco, Santa Comba y Lañas, los docentes de Música, Inglés y Educación Física también se desplazan como mínimo a dos escuelas por día. En el colegio de Nuria Álvarez, a la titular de Religión le sucede lo mismo.

Compensación

Y aunque para ellos no supone un problema el peregrinaje de centro a centro, la Consellería de Educación les compensa por ese esfuerzo extra que realizan. Aparte de pagar el kilometraje, les corresponden horas libres. Que Gorgal ocupa como secretario de las escuelas unitarias.

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