«La gestación subrogada era la única opción que tenía para ser madre»

El cáncer privó a esta vecina de Padrón de poder gestar en su vientre o adoptar


Padrón / La Voz

El cáncer la privó de poder gestar en su vientre y el tratamiento posterior de optar a la adopción al menos pasados los 50 años. Por ello, la gestación subrogada fue la única opción que tuvo Begoña Rial Angueira, una vecina de Padrón de 42 años, para ser madre. Xoel y Antía nacieron el 15 de enero de 2015, tres años después de que a Begoña le diagnosticaran cáncer de mama (es la tercera de cuatro generaciones de la familia que sufrió la misma enfermedad), aunque cinco años antes ya se había hecho las pruebas genéticas que le dieron positivas en la mutación del gen que la causa. Hoy cuenta su experiencia personal con el ánimo de echar un poco de luz sobre la gestación subrogada, una práctica no regulada en España.

Tras el diagnóstico del cáncer de mama, en el verano del año 2012 Begoña y su marido, Pablo Díaz, fueron en A Coruña a una reunión informativa en un organismo oficial de la Consellería de Política Social, a pesar de que, por el momento, no tenían pensado empezar con el proceso. Pero el panorama que le presentaron allí fue «más que negativo», «demoledor psicológicamente», dice Begoña, tanto que aún se emociona cuando lo cuenta ahora. Así, explica que para poder adoptar un niño tienen que haber pasado cinco años desde el último tratamiento contra el cáncer, incluida la pastilla diaria que toma desde hace seis años y de la que le quedan al menos otros cuatro más. Su madre, Lydia Angueira, que también sufrió cáncer, lleva 11 años con ese tratamiento y no sabe cuándo acabará por lo que Begoña echó cuentas y vio que, hasta pasados los 50 años, no podría adoptar, por lo que «desistí de hacerlo», afirma. «Si me hubieran dejado adoptar, lo habría hecho», precisa.

«Me quedé con ese nombre»

Tras ese mal trago, un día en una comida de amigos, una le comentó «primero recupérate del cáncer y después interésate por la gestación subrogada. Y me quedé con ese nombre», cuenta. A partir de ahí, su vida giró en torno a esa posibilidad y dedicó horas y horas a informarse de lo que es la maternidad subrogada, sobre todo en Internet donde, reconoce, «hay de todo». En 2013, tras acabar los tratamientos de quimioterapia y radioterapia, Begoña se fue a Barcelona con su madre para informarse en una asociación de la gestación subrogada. En julio de ese año viajó con su marido a Kiev, en Ucrania, para informarse de la regulación, valorar la situación del país, ver clínicas y otros recursos sanitarios. «Nos pareció que todo estaba correcto pero regresamos con la idea de no hacerlo», al menos no con la asociación con la que habían contactado, asegura.

De vuelta en Padrón no dejó de informarse en otros países, desde Canadá a Estados Unidos, incluidas entrevistas de madrugada con médicos hasta que un día le saltó un nombre que considera «clave» en su proceso, el de la abogada de A Coruña Ana Miramontes, experta en adopciones internacionales y en gestación subrogada. Así, en octubre de 2013 firmaron el contrato con la agencia que se ocupó del proceso, Neogenia, y seleccionaron a la madre gestante, Sveta. «Fue verla y lo tuvimos claro», relata Begoña.

Empezaron con todos los trámites necesarios, desde el certificado médico oficial de la oncóloga «conforme no podía ser madre por problemas médicos»; dar fe ante notario de que ese certificado es verídico; traducirlo en Madrid ante un traductor jurado; conseguir el sello internacional y enviar todo al Ministerio de Sanidad de Ucrania para que aprobara el proceso. «Al no trabajar por estar enferma, me dedicaba todo el día a ello», explica Begoña Rial.

«Estamos embarazados»

Una vez que el ministerio ucraniano aprobó su proceso, firmaron los contratos y el 12 de mayo 2014 llegó la noticia: «Estamos embarazados», cuenta. Para Begoña «es importante poner voz a la madre gestante», con la que mantienen relación por decisión de las dos partes y de hecho sus hijos tienen una fotografía de Sveta en su habitación y saben que «nacieron de la barriga de ella», explica. Dice que es importante darle voz a Sveta porque quiere revelar los motivos que les dio para ser madre gestante. El primero, dejar de trabajar para cuidar a su hijo pequeño, al que no pudo dedicarle mucho tiempo; porque el embarazo fue de los momentos más felices de su vida; reunir dinero para los estudios de sus hijos y, por último, porque «no acababa de entender la felicidad de una familia sin hijos», según explica Begoña.

Y esa felicidad de la que hablaba Sveta fue completa el día que nacieron Xoel y Antía, recuerda emocionada Begoña. «Nadie me lo contó. Ese día yo estaba allí y Sveta se declaró feliz de vernos a nosotros también felices». Aún emocionada, Begoña asegura que «jamás le podré dar a ella lo que ella me dio a mi» y alaba la «generosidad» de la madre gestante.

«Tuve claro que el bienestar de la gestante era el de nuestros hijos»  

Cuatro años después del nacimiento de sus hijos, Begoña asegura que ella y su marido están «muy felices y convencidos de que tomamos la mejor de las decisiones», sobre todo porque tienen la «conciencia tranquila» de haber hecho las cosas bien, con todas las garantías para la madre gestante, que «me demostró que no lo hacía por interés económico», señala. También recuerda que ella no tenía otra opción para ser madre y que incluso, como enferma de cáncer, tenía difícil el acogimiento. «Es muy injusto que no te dejen adoptar; yo lo hubiera hecho de haber podido», afirma.

Es consciente de que la gestación subrogada tiene detractores pero es muy clara: «entiendo y respeto a las personas que están en contra porque es algo complejo y difícil pero lo único que pido es respeto. No hice nada malo y mucho menos mis hijos», dice en alusión a que, en Padrón, ya tiene escuchados ciertos comentarios.

Recuerda que hizo el proceso en un país en el que la práctica está regulada con todas las garantías legales y en el que los motivos médicos, y muy justificados, son la única razón para autorizarla, siempre en parejas heterosexuales. «Le estaré eternamente agradecida a la madre gestante, pero en nuestro caso hicimos las cosas bien, con todas las garantías porque siempre tuvimos claro que el bienestar de la madre era también el de nuestros hijos».

Begoña quiere llevar a sus hijos a Kiev a visitar «a nuestra familia ucraniana, pero quiero esperar a que sean mayores para que les quede el recuerdo», afirma.

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