Santiago y su área suman más de 420 núcleos con menos de cinco vecinos

Representan el 14,2 % de las entidades singulares existentes y 74 de ellas están vacías al aumentar dos en el plazo de un año

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Santiago / La voz

Dispersión, envejecimiento poblacional y abandono del medio rural tienen su reflejo cada vez que sale el padrón oficial de habitantes. El 14,2 % de las más de 2.970 entidades singulares contabilizadas en el 2017 en Santiago y su área tienen menos de cinco habitantes, esto es, 422, con 74 de ellas que están completamente vacías. De esta forma, los núcleos que carecen de habitantes han crecido respecto al 2016, cuando, según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, había 72 en todo el área.

Santiago, pese a que creció en población en su último padrón, tampoco se libra de esta situación. En el año 2017 contabilizaba diez núcleos donde su población no superaba los cinco vecinos, con cuatro de ellos sin ningún empadronado. Pero claro, esta situación afecta mayoritariamente a los municipios más pequeños y de carácter rural, los que también vieron como la sangría demográfica seguía sin detenerse. De esta forma, es Arzúa el que encabeza este particular ránking de núcleos donde charlar con los habitantes de la casa de al lado resulta imposible: tiene 84 entidades donde no se superan los cinco vecinos y dieciocho de ellos -uno más que los registrados el año 2016- están completamente deshabitados. Le sigue Melide con 69 -trece están vacíos-, y Boimorto, con 43 -seis sin vecinos-.

En el extremo contrario se encuentra Dodro, donde en todas sus entidades singulares tienen empadronadas seis o más personas. Por su parte, en Padrón hay un lugar con menos de cinco vecinos; y en Ames, Oroso y Tordoia únicamente dos no superan esa cifra.

Pero junto a lugares que quedan vacíos, también hay alguna situación aislada a la inversa, como A Torre de Cesar, en Santiago, que registró un empadronado tras años sin ninguno.

Viviendo solos desde 1970

A Fontecova, en la parroquia de Figueiras, es uno de los diez lugares de Santiago que figura en el padrón oficial de población con menos de cinco habitantes. Concretamente residen tres miembros de una familia. Así llevan los últimos siete años, desde que falleció el padre. En la única casa habitada de las dos que hay en el pequeño núcleo, viven actualmente la madre y dos hijos.

Nunca tuvieron otros vecinos, explica la mujer, que salió apresurada de la casa ante el recibimiento a ladridos de varios perros de su propiedad al acercarse una persona desconocida al gran portalón de entrada. ¿Sabe que reside en uno de los núcleos con menos habitantes del municipio de Santiago? «¿Ve como está a estrada? Isto non é de Santiago», dice la mujer ya de inicio. Para acceder a su vivienda deben transitar durante más de un kilómetro por una carretera llena de grandes baches y con el firme muy deteriorado, en parte lleno de tierra. Es más o menos la distancia que le separa a los miembros de esta familia de otras viviendas habitadas. Ningún cartel indica, además, que se trata del acceso al lugar de A Fontecova. En la bifurcación que se debe tomar, solo existe una señal y nada tiene que ver con la indicación: «Prohibido verter lixo e entullos». Así, solo la ayuda del GPS permite llegar, porque tampoco hay otra persona a quien preguntar en una mañana dominical con mucha niebla.

Esta familia llegó para instalarse en A Fontecova desde Ponteceso después de casarse. «Levamos desde 1970 e viñemos para aquí a traballar as terras», explica la mujer. Ese mismo año nació su hijo mayor. Ya nunca se fueron de este lugar situado en el monte Pedroso y siempre estuvieron ellos solos. Cuando llegaron , explica la mujer, tampoco había vecinos en la vivienda situada a escasos metros de la suya.

Uno de los hijos, que llega poco después a la casa familiar, profundiza más en las palabras de la vecina de A Fontecova. Saben lo que supone ser tan pocos habitantes. «Isto está abandonado», se lamenta. Sus reclamaciones de que arreglen el vial de acceso, que trasladaron a la asociación vecinal de la parroquia para que exijan que se acondicione, caen en saco roto: «Só se acordan de nós para cobrar impostos, para iso si». A este hombre no le sorprende que las aldeas queden deshabitadas. «O que pode cómpralle un piso aos fillos en Santiago», explica, incidiendo que cada vez es más difícil vivir del campo. «O último é o da prohibición dos puríns: ¡pero se toda a vida se botou así!», se queja. A ello añade la gran cantidad de gestiones administrativas exigidas y de los restricciones.

Y mientras transcurre la conversación, por junto a la única casa habitada de A Fontecova pasan ciclistas y gente corriendo, el único movimiento a mayores en este lugar con tres vecinos.

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