La alemana de Oroso que acampa ante un cementerio: «No tengo miedo, ellos duermen para siempre»
OROSO
Ingrid Bujnak espera alquilar una vivienda para dejar atrás su precario refugio al pie de la carretera N-550
11 ene 2026 . Actualizado a las 12:10 h.«¿Tienes un periódico en el coche? Porque mi teléfono no tiene internet y no sé lo que pasa en el mundo». Es la primera pregunta de Ingrid Bujnak, la alemana de 70 años y espíritu libre que resiste acampada al pie de la N-550 en el municipio de Oroso. Hace un año estaba del otro de la carretera, en el portal de un establecimiento de hostelería cerrado; vivió luego dos meses en casa de un hombre que la ayudó, hasta que un día se encontró sus maletas fuera: y regresó a la N-550. Durmió tres noches en el pórtico de la iglesia frente a su antiguo hogar, pero no era posible seguir allí y unas amigas le prepararon un refugio cubierto con plásticos donde espera hasta conseguir el alquiler de una vivienda: «Mi hija arregló mi pensión en Alemania y puedo pagar el alquiler de un apartamento, una casa antigua, dos habitaciones... pero todos me dicen que no tienen, aunque creo que es mentira».
En su refugio se cuela el agua y el frío del invierno, pero Ingrid no se desanima: «Cuando sale el sol saco toda la ropa para secarla. Lo importante es sobrevivir con una buena salud mental», dice mientras muestra el que llama su paraíso, las flores que reúne bajo un árbol. La Nochebuena la pasó sola, con sus tres gatos, pero sintió el cariño de la gente de la aldea: «Tuve muchos regalos: un abrigo muy lindo, una chaqueta y muchos dulces navideños que me trajeron. Y yo canté Feliz Navidad, próspero año», entona el villancico de Boney M mientras evoca que lo aprendió en Málaga, donde «la gente baila casi tanto como en Cuba». La isla caribeña con la que soñaba desde que en sus tiempos de estudiante en Alemania oriental quedó fascinada con el discurso de Fidel Castro en su visita al país. En Cuba vivió tres años y medio, y su bandera preside el refugio en el que un silbato sustituye al timbre de una casa convencional.
Ingrid aguanta con la solidaridad de una familia que le lleva regularmente comida y que la deja ducharse en su casa. ¿Algún temor viviendo al lado de un cementerio?: «Ellos duermen para siempre, no tengo miedo. Además, cuando tienes miedo atraes cosas malas, que si ven que vives sin temor se van». Igual que ella espera dejar un día la N-550 e irse de alquiler a una vivienda digna.