Una jornada con sol explorando el Oroso más natural junto al Tambre

cristóbal ramírez

OROSO

CRISTÓBAL RAMÍREZ

El Ponte Carollo o diez molinos son algunas de las propuestas destacadas del recorrido

29 may 2021 . Actualizado a las 04:55 h.

Y sale el sol en Oroso. O sea, que el fin de semana anima, también, a salir de casa y a recorrer lugares que quizás son poco conocidos por los propios ciudadanos. Eso sí, esos lugares deben de ser muy amplios y estar poco concurridos, porque el peligro sigue, aunque a algunos no les parezca.

Y es que, con un termo y café como compañeros -han sido colocadas abundantes mesas y bancos muy bien integrados en el entorno-, dar un paseo por el parque de O Carboeiro figura siempre en el capítulo de las buenas opciones, contemplando el puente de A Ulloa, que encierra más historia de lo que sugiere su humildad y por el que ya pasó y citó nada menos que el padre Sarmiento.

Cierto: quienes viven en Sigüeiro han fijado ya ese parque en su retina desde hace años, pero se trata de un gran desconocido para los habitantes de las parroquias, que por supuesto son tan orosinos como los otros. El estanque de las ranas y la estatua de las truchas se han convertido en los últimos años en auténticos photocall. Además, lo cruza el Camino Inglés a Santiago, que ya está empezando a mostrar a los primeros peregrinos.

Pero, ¿y quienes viven en Sigüeiro? Pues justo lo contrario. Porque cualquier día es un día estupendo para ir por las parroquias adelante y descubrirlas. Y es que el interior de Oroso se muestra rico en patrimonio arqueológico -protegido, pero poco cuidado porque además una buena parte de él está en manos privadas- y etnográfico. Tanto que elegir resulta a veces difícil.

Los amigos de la soledad absoluta que además prefieran la bicicleta de montaña seguirán por la carretera hacia Cardama y después de cruzar el Tambre y ascender, tras la pronunciada curva a la derecha, por la primera pista a la misma mano.

Tierra, dura pendiente y también duro y gozoso ascenso en medio de un bosque de repoblación que en sí mismo no aporta nada nuevo. Por segunda vez se toma el primer desvío (en este caso, sin embargo, a la izquierda) y en el siguiente cruce se alza una mámoa o enterramiento de hace al menos cinco milenios, muy oculta por la arboleda. Y aparece ante los ojos una atrayente bajada de regreso por otras pistas.

Claro que si lo que se prefiere es andar, entonces en vez de desviarse en busca de la mámoa procede cruzar el Ponte Carollo, aparcar e inmediatamente girar a la izquierda hasta encontrar un pequeño río y remontarlo en zigzag por pistas anchas y caminos, entrando y saliendo (no hay un sendero que vaya pegado a la corriente). Es decir, hacia el norte, hacia Couso.

Y ahí, emboscados, esperan diez molinos. En su día se diseñó y señalizó una ruta, que está reclamando un nuevo impulso. Porque si hay algún elemento de la arquitectura tradicional que identifique a Galicia, ese es el molino. Y Oroso, el municipio de los seis ríos, no constituye una excepción. Este es un buen fin de semana para comprobarlo sobre el terreno.