La ruta del grelo, en la Nacional 550

El tramo entre Ordes y Oroso está salpicado de puestos que venden grelos recién extraídos de la leira. Aquí no hay intermediarios, de la huerta al cliente. Un mural homenajea el papel de estas supermujeres que tienen gran arraigo en la zona y que dan lecciones de vida a quien para

Celsa e vende sus grelos a pie de carretera desde hace años.
Celsa e vende sus grelos a pie de carretera desde hace años.

Los improvisados puestos de grelos salpican la Nacional 550, entre A Coruña y Santiago. Se identifican muy fácilmente. Una pequeña mesa improvisada al pie de la carretera con la verdura estrella de esta época colocada sin mucho esmero o una simple carretilla donde aparecen los apreciados grelos recién recogidos de la finca de al lado es la única estrategia de márketing necesaria para atraer a numerosos viajeros que pasan por allí. Algunos eligen ya la ruta a propósito. Evitan pagar el peaje de la autopista y se llevan una buena ración de grelos para casa. Porque si algo tiene de bueno esta eficaz técnica de venta es que la verdura va de la finca al cliente, directamente.

Quien haya tenido la suerte de haber comido grelos caseros, sabe de lo que aquí se habla. Estos grelos son los de toda la vida, los que no tienen trampa ni cartón, los que se cuidan con esmero desde que se siembran hasta que se recogen en el momento justo. Sin prisas. Ni antes, ni después: «Hai xente que sae da autopista e ven por aquí porque din que a verdura está moi rica», comenta una de estas vendedoras a pie de carretera que en cuanto oye el timbre sale a atender al cliente.

Se llama Celsa. Y sus virtudes saltan a la vista nada más cruzar un par de palabras con ella. Bonachona, tranquila y muy agradable, es de las que disfrutan con una buena conversación. También presumida porque se resiste a salir en la foto con un chaleco un poco viejo y opta rápidamente por ponerse otro con mejor aspecto. Sobre los grelos de la zona, no tiene duda, están buenísimos, pero anima a todo el que pueda que se apresure a tomarlos cuanto antes porque «este ano hai poucos».

Puede haber hasta abril, pero en esta temporada va a ser muy difícil que lleguen a la primavera: «É unha verdura de inverno. Coa xeada queimouse e agora que empeza a chover, volveron saír. Pero hai pouco porque cando se sembrou había moita sequía e despois cando naceron quedáronse pequeniños e non valeron para nada», comenta esta experta en grelos, que reconoce que lo mejor para esta verdura es la lluvia. «En canto florecen acabáronse», indica esta mujer que explica que los más tempraneros pueden salir a finales de septiembre.

El regateo, todavía presente

Celsa vende el quilo de grelos a 1,5 euros o incluso a dos. Pero reconoce que hai gente a la que todavía le sigue gustando regatear. Ella se mueve en esos precios y tampoco es de las que vive de ello. Simplemente explica que es una manera de deshacerse del excedente que puede tener, al igual que la mayoría de los vendedores improvisados que salpican el arcén de esta ruta. También lo hace con las patatas, cuando le sobran las pone a la venta, pero jamás compra verdura para ofrecérsela al cliente: «Non lle merco nada a ninguén. Só vendo cando me sobra o da casa», puntualiza. Porque si hai algo que reivindica es el producto casero. Además de plantar verduras y patatas, también hace chorizos y no recuerda cuándo fue la última vez que comió un pollo comprado: «Sabe moito mellor o da casa. Mesmo unha sopa coas patas da galiña está moito mellor que calquera outra cousa. Como o da casiña non hai nada, pero claro, cando non o hai, hai que mercalo», reconoce esta mujer que disfruta compartiendo lo que tiene con los suyos.

Celsa se despide amablemente y continúa con sus quehaceres diarios. Durante la ruta hacia Santiago, y sobre todo entre Ordes y Oroso, aparecen más puestos de grelos. Llueve bastante y algunas vendedoras no están tan atentas al cliente como Celsa y no responden al timbre.

En esta zona, estas agricultoras son todo un símbolo. Joseba Muruzábal, más conocido como Yoseba MP, les hizo su particular homenaje en el festival DesOrdes Creativas del 2016 pintando un mural en el lateral de uno de los edificios a la salida de Ordes, en dirección a A Coruña. A greleira de 50 pés, hace un guiño a estas mujeres que llevan toda la vida ofreciendo sus productos a pie de carretera. Para este artista de Cambre afincado en Santiago, son superheroínas, como Lola, la que aparece en este mural inspirado en el cartel de la película El ataque de la mujer de 50 pies, de 1958. La superabuela de Ordes aparece tal y como es, con las zapatillas de andar por casa, el tradicional mandil de cuadros y el gorro típico de las superabuelas del rural que viven por y para el campo. Esas mujeres que nunca se jubilan de las leiras porque ver crecer las verduras que siembran y compartirlas con los suyos es su entretenimiento, su satisfacción, su vida. Ellas son el pilar alimenticio de muchas generaciones y las que transmiten la sabiduría popular a sus hijos y nietos. Esa sabiduría que no aparece en los libros pero que enseña mucho sobre cómo vivir la vida. A fuego lento, sin prisa pero sin pausa y sabiendo escuchar. Una filosofía de vida que ya está en peligro de extinción. Así que si pasas por la ruta del grelo y ves alguno de estos puestos, para. No tengas duda. Dos euros de sabiduría bien pueden hacerte la boca agua.

Celsa lleva años vendiendo el excedente de grelos que produce a pie de carretera. Una silla plegable le sirve de expositor para vender la verdura recién extraída de la finca de al lado de su casa.

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