Adiós, «troita»


Adiós, troita. El Concello de Oroso celebró el pasado fin de semana una edición más de la Festa da Troita, una cita muy consolidada en el inconsciente colectivo de la comarca. En el de los habitantes de Sigüeiro y en el de las parroquias, pero también en el de todos los municipios limítrofes y no tan limítrofes. En efecto, la avalancha humana define el paisaje humano en uno de los primeros fines de semana de mayo.

Las troitas tienen tradición en Sigüeiro. No solo porque en sus ríos abundaron siempre, sino porque había un par de sitios -ahora son más- donde las servían fritas con jamón y un toque de pimentón, mucho antes de que en Santiago los estudiantes empezaran a partirse la cara con la policía de la dictadura. Así que, como primera conclusión, la Festa da Troita hunde sus raíces en el pasado, que quizás sea un pasado mucho más lejano que lo que la memoria puede recordar. Su implantación es tal que la imagen-mascota del ayuntamiento se llama Troi: una trucha, claro. Y lo idóneo en este país cainita es que, gobierne quien gobierne en el futuro, la troita sea siempre protagonista en este mes.

Que el tiempo no haya acompañado el sábado queda relegado a la categoría de anécdota. Que ayer algunos establecimientos sirvieran mucho hielo y poco vermú en el vaso, también, aunque sería de desear que no se repitiera. Porque nada de eso debe ensombrecer el hecho de que Oroso es un municipio muy activo: a la Festa da Troita sigue este viernes el fallo del II Certamen Internacional de Investigación del Camino Inglés, y luego viene la Gala da Cultura. Todo ello, aderezado con otro fin de semana dedicado a las tapas en el cual la hostelería debe echar el resto.

Que todos los males de la comarca sean esos…

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