Senda verde


Si es cierto que el que la sigue la consigue, los ayuntamientos de la comarca que han visto cómo desaparecía su vía de tren acabarán teniendo una senda verde. Es decir, una ruta natural que discurrirá por la vieja caja, ese espacio en el cual otrora había raíles y traviesas. Y ya llovió desde el minuto cero. Porque tal idea germinó cuando el alcalde de Oroso se la puso encima de la mesa al entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga; el calendario marcaba el 1 de octubre del 2004. Y el pleno de ese Concello dio el visto e prace a la senda verde el 29 de enero del 2009, metiendo ya seriamente en danza a sus vecinos, Santiago y Ordes.

El problema de fondo es que no se trata de una idea que parta de arriba, sino de abajo. Son los propios ayuntamientos -con Oroso a la cabeza, ya que sigue tirando del carro en una muestra de sana cabezonería que debe de tener el respaldo de todos los miembros de su corporación municipal- los que quieren disponer de esa ruta como gran reclamo senderista gallego, y a veces ponerse de acuerdo es difícil. Santiago fue el gran lastre y quizá no por falta de voluntad sino por exceso de problemas en la legislatura anterior, con el PP en la alcaldía. Y la corporación actual, cuando circula, parece diésel. Pero en fin, por recurrir a los dichos populares, bien está lo que bien acaba, de manera que el final de esta historia todavía no está escrito.

Claro que poner todos los huevos en la misma cesta nunca resultó recomendable. El mismo Oroso tiene deberes pendientes con sus rutas -el tiempo ha ido pasando y una reseñalización semeja urgente-, mientras el resto de los municipios casi ni propuestas ofrece. Y esto último indica que en ese vagón viajan algunos sin mucho ánimo.

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